3.4.08

Comida casera

Tantos aires de zanahoria, nubes de berenjena, lluvia de huevo con miel aromática de Arlès... han ido preparando al paladar para la gran tormenta de esnobismo que se le viene encima animada por mucha (no toda) de la idiotez de tanto aspirante a melón.
Propongo cantar las delicias de la comida tradicional y de la originalidad que, en su significado puro, nadie podrá arrebatar a los alimentos. Para empezar, os largo aquí una Oda a la perdiz escabechada y, de postre, el Elogio de la cereza. Ya me daré una vueltecica por los blogs para ver si encuentro alguna adhesión en estos términos pantagruélicos.

ODA A LA PERDIZ

Volátil bouquet, rica en aromas
y en sabores generosa, la perdiz
—pituitárico éxtasis— canta
estática en el llano de porcelana
y virtúa del paladar el cóncavo velo.
Allí se aloja la exótica pimienta,
el ajo popular, el acético vinagre
y una sutil cebolla, enamorada
del óleo translúcido de Baena,
el olímpico laurel se ciñe.
Coronada está la mesa de Apolo,
cuya mirada es envidia
de sus ilustres hermanos
y en los tiernos despojos
la posa iluminado: el vuelo
entre las jaras,
una pluma (que a Cervantes diera
cálamo y pábulo a su Persiles)
prendida queda en el espino
de la gualda aliaga,
roja el ave voltea en su tinta teñida.
Así ve Apolo al ave viva
y a Dafne se la entrega seductora
(pero es él quien goza sus sabores);
Dafne, boquiabierta, sólo mira.
Degustad, comensales, la perdiz
de la sierra entre absules y jarales
y sentíos Apolo por un día.



ELOGIO DE LA CEREZA (Décima)

Entre el verde definida,
densa lágrima devota
del sol y del gota a gota;
en colores desprendida,
ágil luce parecida
al vino de la certeza;
lila tiñe la corteza
de la tierra y del frutal.
Así de viva e inusual:
la hermosísima cereza.

P.S. para Ana Muñoz: métele caña a la manzana.

2 comentarios:

alber dijo...

Acabo de leer tu comentario en el blog de Ana.
Muchas gracias, Manuel. Creo que has dado una visión bastante justa y equilibrada.
Un abrazo

Alberto Acerete

Manuel Martínez Forega dijo...

Otro abrazo para ti, Alberto, y ánimo: en tus manos está.