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20.4.08

3ª entrega de "Poesía para perdidos" (Ortiz Albero)























































Y Parténope (creedlo) no fundó Nápoles, sino que trazó un arco dorado sobre el firmamento nimbado y brillante de la caverna de Nereo y ocupó el solio de Ortiz Albero. Gentil como ella sola, qué escorzo de Ingrid no fue eurítmico, qué otro no se enlazó al deleble argón dando al aire su forma, sus formas en recíproco dictado de un logos cuya fortaleza intelectual desbordó los perfiles previamente señalados por una imaginación torpe como la de no importa qué espectador de esa noche. Ese peso lo llevaremos como la férrea bola del reo a cualquier paso que demos para no olvidar nuestro prendimiento. El ritmo, el enlace secuencial de la palabra dio por fin con una pauta donde cupo todo con la medida síntesis de un axioma gracianesco. Y si la imagen móvil daba paso a una pausa, en seguida otra voz solapaba con su huella la hendidura del silencio. La excelsitud de Ana Muñoz en la fuga (¡pero qué buena es esta mujer, c...!); el baño de Carmen Ruiz (¿qué envoltura del deseo más afín a la felpa que el rizo de los iris cuando anhelan?); el nombre de los pronombres de Kiki (faltó, aunque todos lo escuchamos, el tangó de los esclavos negros argentinos rasgando las volutas del humo levítico en los labios de la Magriñá). Ingrid Magriñá: sibila en el muro; nitrógena y oxígena sílfide. Ô! —permitidme la exclamación— qu'il est voleur Michel Ange! Porque nos birló las angustias, nos dejó enredados en los bucles de la servidumbre intelectual y nos arrojó a la espiral angosta de nuestras incertidumbres embebido por el frenesí de los "chupa-tasas", los "chorrafinanzas", el "panchazorra", el "patacristo" y "murmufisgar" de la jarryana patafísica. Donc, ce cri de guerre des pataphysiciens doit devenir celui de tous ceux qui luttent contre la marchadisation du monde. Voilà Ogtis Albegó.
Cuando sea más mayor, quiero ser Ortiz Albero y tener a mi lado a Ingrid Magriñá.