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15.6.08

Poesía para perdidos. Última entrega. 14.06.08

Que no acaben nunca. Estas noches de poesía para perdidos deberían continuar (y así espero que trabajemos todos para ello) como un ciclo permanente que ofrecer a la ciudadanía zaragozana y foránea cada primavera. Que se inscriba en los programas turísticos; que se cuelguen pancartas y avisos, que se tiren octavillas... Anúnciese.
Fue Brenda Ascoz la invitada de excepción, y a nosotros nos invitó a beber en un poema final que decía tanto del amor como de su pérdida, e incluso de la sensualidad que como poso deja la memoria de la ausencia: un anhelo redentor.
El gran Miguel Ángel, el Ortiz, apareció de súbito, se sentó en la banqueta y dijo del circo humano y de su excepción. ¿Qué tienen esos textos “raros” del Ortiz que se cuelan por entre los pliegues de los sesos haciendo culebrines? Espero decíroslo algún día.
Pero esta noche era de Miguel Serrano y de Nacho Tajahuerce, dos jovencísimos poetas que ya se vienen anunciando con conciencia y sin ciencia (de esa ciencia convencional: carecen de la ciencia que excava suelos y de la que ataca con piquetas tirándolo todo; es decir, de la que hace del hombre una basura), con su ironía un puntito amarga y con su amargura un puntito irónica; más de esto último. Pero amargura de la buena, nada de exacerbaciones, sino de recorrido existencial, empático; lo que Garaudy y Sartre nos indicaban hace años, pero que nunca se ha cumplido (que yo sepa) en el mensaje social ni político, ni ético, ni en ninguno, salvo –como hoy ha quedado demostrado- en el poético. Más lírico Serrano; más observador Tajahuerce, ambos tienen aún mucho que decir, mucho de lo que nos interesa a todos, porque se transparenta en los dos ese grado de penetración en la superficie con la piqueta -ahora sí- del dolor propio y el del otro, y golpeando con el martillo pilón -ahora también- de lo psicosocial: revelar el engaño de la euforia, denunciar el mensaje que se quedó a medio camino en los sesenta, pero que todavía permanece en las páginas para aproximarnos y revisarlo. Miguel Serrano lo dijo en dos ocasiones sobresalientes: con el escorzo del malentendido y bien entendido final sobre la certeza de la muerte (de arraigada concepción barroca y aun romántica) y con su invitación a la lectura usando como mediador el icono en cierto modo diletante del conector blog. Dos golpes maestros en la forma, en la concepción y en el contenido.
Nacho Tajahuerce lo expresó con sus “oficios”, verdaderos “tipos” con vida, a medio camino entre la denuncia social y la representatividad con fundamentos de universalidad. Y tenía un as escondido para hablarnos de la soledad en un libro con páginas en blanco cuya luz me dio de frente, cegándome. Y tiene otras cosas este Nacho, como ese pasar de puntillas sobre lo antropológico para dar de pronto con un certero golpe de honda en la sien del ser y acelerar los pulsos. Encuentro feliz el de esta noche. La poesía chuta (en los dos sentidos). Los poetas también. Nacho y Miguel han dado sobradas pruebas. Felicidades sincerísimas.

(De arriba a abajo: 1.Tajahuerce; 2. Ingrid Magriñá, Ortiz Albero y Ángel Gracia; 3. Miguel Serrano; 4. Miguel Serrano, Fernando Sarría, Manuel Vilas y Tajahuerce; y 5. Brenda Ascoz)

23.4.08

Poesía en la Campana de los Perdidos: 23.04.08. 00,01 AM

El Pontifex Maximus me dice: "Hágase la crónica"; y la hago (cualquiera discute al Pontifex). No como "Foreguita", sino como Forégano, porque no todo el monte lo es. Y como no todo el monte lo es, he de decir que hubo de todo (hasta un virgo que se fue a hacer hostias con dios en la campiña), y eso es lo bueno de estas fiestas de órdago en las que acudimos embebidos de textos y luego se nos rajan los papeles. Un ameno Cocodrile polimorfo (lo tocaban todo), animó la reunión con su música suave y delicada que introducían con lectura de textos alusivos a experiencias personales, como en una especie de exégesis argumental de cada uno de los temas. Música hábil y, sobre todo, elegante para despachar a los oídos en sus intervalos. Entre esa música dulce se colaban (o al revés) los versos más amorosos y sensuales del Pontifex Sarría y sus zarpazos, o los boleristas y tanguistas de Lasala, a los que aderezó con una visita al despacho del director para darle una sorpresa mayúscula (esa que quisiéramos todos que nos dieran). Subió también Vilas a la palestra para darnos ejemplo de crítica social y humana, tan indirecta que era directísima; tan tangente que fue secante y su baño en la Barceloneta no necesitó de toalla alguna. También se bañó la Vidaurreta en un sutil erotismo entre sales y placeres de arenas, en un urgente desliz recordatorio que anhelaba la piel del otro antes que su músculo, y la sal de Ortiz Albero caía hecha lágrimas sólidas en las pupilas de todos y nos restregábamos los ojos ante lo indecible. Porque hubo esta vez muchos mares y cielos reverberantes de luz, como en el Corinto de Luisa Miñana, y hasta un volcán siciliano que lava (ba) las palabra de Marta Navarro. ¿Y el Montero? ¡Coño, Pepe!: debes escribir más, regalarnos con tu ironía casi porno y hacer así del polvo una transmigración de la carne, que no del alma: levítanos otra vez, Pepe; descífranos lo cachondo y la suave penetración hasta el fondo de los significantes que significan con la inteligencia que lo hiciste anoche. Para conocer buena parte de la hondura ontológica de la mujer, hay que leer y escuchar a Ana Muñoz, quien volvió a sobrecogernos con sus putas brujas y sus prostitutas domésticas, y a echar sobre sus camas toda la basura que nadie recoge y por la que pasamos indiferentes como por sobre las cagadas de perro en las aceras. (¡Qué será del hombre sin aceras y sin pufs!) Cómo ha girado el Escuin hacia lo sublime sin abandonar la sátira sutil. Isabel, con su augusta lectura, nos erizó el vello pasando la lengua por la piel de los amantes. Y el Taja, rico opositor a filólogo, nos endilgó una breve tesis sobre gasolineras para meternos un chute de 98 OC que alivió nuestra sed de velocidad, pero que nos puso el motor suave, suave; y sonaba bien, muy bien con el inyector de sus palabas. Otra sentimentalidad es posible, claro que lo es, y esa nos la trajo Emilio Pedro Gómez, colofonista esta vez de la fiesta para decirnos quién es y qué hace. Quién es, lo sabemos muchos hace mucho; qué hace, sabemos que lo hace con excelencia. Y permitidme esta vez que mi fantasma se revele. Leí versos sobre labios, versos que quieren besar y no encuentran a quién: me he apuntado desde hace unos meses al decadentismo.
Bene vobis!