3.1.09

3 de enero de 2008: 15 aniversario de la Revolución Zapatista

© Fotografía: Reuters




Se cumplen quince años hoy de la fundación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), detrás de cuyas siglas se desarrolla un proyecto que reúne todo el espectro de las legítimas reivindicaciones de su población indígena: políticas, económicas, sociales, culturales y territoriales. Pese al silencio de los media, sabemos que el Movimiento a cuyo frente se encuentra el Subcomandante Marcos sigue adelante, persevera y resiste. Constituye un ejemplo de cómo las conciencias, la sola conciencia, es capaz de definir, sobre cualquiera otra condición, un sólido perfil bastante para repeler las agresiones, sobreponerse al silencio y al boicot y argumentar su validez político-social, porque es infnitamente justa. El primer mentor de esta actitud humana fue Séneca; recordémoslo: "conciencia, "conciencia..."
Y recordemos que hace nueve años, en 1999, la editorial PRAMES reunió en torno al título Desde aquí, a un elenco de escritores y artistas aragoneses que se solidarizaron con Chiapas. Desde Ramón Acín hasta Paco Simón, Ayuso, Bayo, Castán, Gistaín, Grasa, García-Valiño, Labordeta, Encuentra, Soledad Puértolas, Martínez de Pisón, J. L. Rodríguez, Fortún, Jiménez Ocaña, Teresa Agustín, Abraín, Chusé I. Nabarro, Sipán, Arrudi, P. Navarrete, Lalana, Antón Castro, J. Mª Latorre, Fdez. Molina y más, promovido por la Plataforma de Solidaridad con Chiapas de Aragón.
Dejo aquí mi contribución

CHIAPAS (MÉXICO)

No se rinde la conciencia
al obsceno latigazo de las sierpes

vomitando bífido fuego y silbando
plomizas melodías.

La conciencia es; no parece:
es,
y existe en la palabra que la hace posible,

en la razón que la hace posible,

en la lengua de quienes la gritan y la hacen posible
más allá de su casa, en el monte;

más allá del monte, en sus cimas;

más allá de las cumbres, en el mar;

más allá del mar, en el hombre,

en el oído del hombre ausente,

en los pabellones de la historia malherida.
La conciencia
es, existe para ser dicha
y, más que nunca, en la desdicha,

con la memoria nativa

que, más allá del hombre,

la recuerda con la muerte y con la vida.


La conciencia existe

para ser escrita en los papeles del aire,
en las páginas del agua,

en las cuartillas del viento,

en mitad de la tormenta

tronando y brillando,

fijándose en los rayos

como un penacho de luces;

para ser escrita, en fin, en el libro

intangible de la libertad encendida,
en la lumbre de otro fuego
por un espejo en otro espejo reflejado,

atizado eternamente, infinitamente repetido.

La razón existe, hombre y mujeres

malheridos, como atizador

de un futuro insomne.

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