1.4.08

El río Ebro inunda el Mediterráneo

Manolín Foreguilla
El Ebro inunda el mar. Según todas las noticias de los medios informativos audiovisuales, escritos, hablados y apócrifos (hablados y escritos también); es decir, según todos los media de Madrid, de Cataluña y del Levante español, desde Castellón hasta Almería, el río Ebro ha inundado el mar Mediterráneo. La última riada del Ebro ha sido tan espectacular que ha pillado a todos por sorpresa y sin tiempo de tomar las medidas necesarias para atajar desastre semejante. El hecho es insólito por cuanto nunca en la historia, nunca, se había dado un fenómeno de tales características, ni figura en los anales de la hidrografía mundial, ni en los de los fenómenos extraordinarios. El hecho –dice el rotativo albufereño La Anguila- "es comparable a catástrofes como la desaparición de la isla de Krakatoa o el reciente tsunami de las costas indonesias". Se une a ello otro fenómeno singular –y también inexplicable- asociado a este cataclismo como es el hecho de que la ciudad de Zaragoza y todas las poblaciones alto y bajoribereñas siguen en pie, precisamente (cuestión nada desdeñable desde el punto de vista estadístico) en un momento en que el ciclo de sequía de la cuenca del Ebro y de las demás cuencas españolas es de los más dilatados y preocupantes. “Tal situación no se había producido nunca, nunca”, sentencia, con desolador gesto, un ingeniero de la Confederación Hidrográfica.
Esas mismas noticias dan cuenta, con gran profusión gráfica y textual, de algunos datos observables que han seguido a la inundación del mar, como, por ejemplo –atestigua el periódico murciano La Mentira- que "las carpas campan a sus anchas por el Mediterráneo desplazando a la elegante dorada; que el cangrejo rojo está invadiendo el hábitat del langostino castellonense y que la gran avenida ha propiciado que el siluro se haya instalado en los fondos pelágicos, acabando con los pocos lenguados, rapes y rodaballos que aún sobrevivían a duras penas en los lechos marinos desde las Columbretes hasta la costa balear. El mejillón cebra ha sustituido al mejillón autóctono (al de roca y al otro más grande) y ya comienza a producir sus efectos indeseables en las instalaciones de las petroleras tarraconenses", concluye el cronista cartagenero; todo ello sin contar con el desastre que producirán de aquí a poco otras especies invasoras como el black bass, el lucio, el lucio-perca y el perca-sol, auténticos depredadores de particular voracidad. ("¡Que tiemblen el tiburón y la barracuda!", gritan, echándose las manos a la cabeza, los abismados pescadores levantinos).
El problema es de tal magnitud que ha puesto patas arriba el turismo, el cual, como es sabido, abomina del agua dulce y, más, si está turbia. Así, era predecible que el fenómeno movilizara a toda la hostelería de las zonas afectadas, a las promotoras inmobiliarias y, más que nunca, y con toda la batería de improperios hasta entonces incluso desconocidos, a la clase política con intereses en esos sectores de megadesarrollo. De hecho, un cualificado representante del partido del gobierno regional (el Je Je) ha llegado a afirmar que "ahora no queremos el agua del Ebro ni la madre que la parió".
Por otra parte, un representante de la promotora Teniendo Benidorm no vayas a Miami, encargada de levantar los 41 rascacielos previstos en esa localidad alicantina, ha manifestado, con cierta ironía no exenta de amargura, que, "a partir de ahora, y para salvar en lo posible la inversión en el elevado proyecto, convendría iniciar una nueva campaña "a nivel de calle" -ha dicho textualmente; de promoción "más a ras de suelo" y que tuviera como lema: "habite un rascatierra". El nuevo proyecto -continúa el portavoz de la promotora-, que "estaba ya diseñado por si ocurría algo como lo que acaba de suceder o parecido", contempla "casas muy bajitas con cuarto trastero adosado" y "estará principalmente orientado hacia nuevos mercados como el de los 'chorizos del cobre' (sic), que ha incrementado sustancilamente su poder adquisitivo en los últimos años", concluye el portavoz.

31.3.08

El sueño del misántropo

M. Martínez Forega

Destruido este muro, el Postmodernismo, a voz en cuello, proclamó el “fin de la historia”. Sandez semejante sólo se le pudo ocurrir al Postmodernismo. Naturalmente, ni predijo la emersión de Chiapas, ni de Chávez, ni de Morales, ni de Correa, ni el pucherazo mejicano. Y el Postmodernismo sigue chupando de la teta de la vaca, amorrado como un bebé. Pero ha descuidado sus defensas. Día vendrá –y no muy lejano- en que los que no se chupan el dedo den finalmente con el estigma del derecho natural, y éste no es otro que poner a cada uno en su sitio. De momento, diviértanse con las comparsas de los pseudojuglares jaleando a la socialdemocracia con gestos que ni en los años sesenta resultarían tan horteras, y sigan, sigan dibujando ese circunflejo que cierra las vocales hasta que llegue el tónico y agudice, en un abrir y cerrar de ojos, el frenesí (del hambre). Dirán entonces que quieren volver al ergástulo. Ignorar la historia es propio de una intelectualidad mansa y diletante; yo digo que basta con no olvidarla.

25.3.08

Juegos reunidos. Algunos textos que he ido rescatando desde 1975 a 1985

M. Martínez Forega

I

Mientras el bardo al arpa sugería notas elegíacas en memoria de Toscar; mientras Fingal al romano derrotaba en las lindes de Morven, mientras, quizá, era yo engendrado en galera transportadora de esclavitud.
Mi doncella madre, apresada a orillas del Rhin, hubo de parir el ser mudo de mi origen. El ser que, huyendo a nado de Sicilia, arribó al Levante virgen y aprendió a hablar. Articuló la palabra precisa y preso fue a la roca advenediza. Desde entonces poseo la certidumbre de la palabra.
Como barreno al rojo ha de desgastar a la vida la palabra: palabra gris, palabra ardiente, soez palabra, palabra triste, palabra húmeda, pala que abra nuestra tumba, pala que habla, palabra que abra la pala que habla de pal en pal el cóncavo paladar. Pero dar la pala a quien supone que los sonidos palatales con tales palas se palhablan, supone que pone su lengua al servicio del vicio de ser sacerdote (no olvidemos aquellas hostias para tales paladares palatales).
Bien sabemos que el socerdote no sabe palhablar, y, aunque besa la tumba que guarda el beso y el sobe de la muerta, bien besa(mos) y sabe(mos) que soba(mos) sin saber lo que besa(mos), pues me acuerdo —sin precisar de la meada del cura su cordura— del beso en la mano del sacerdiota.

Erdap ortseun euq sàtse ne sol soleic, odacifitnas aes ut erbmon, agnev a sortoson ut onier, esagàh ut datnulov ìsa ne al arreit omoc el oleic.
Le nap ortseun ed adac aìd elsonàd yoh, sonanòdrep sartseun sadued ìsa omoc sortoson somanodrep a sortseun serodued, y on son sejed reac ne al nòicatnet sam sonarbìl ed lam, nèma.

II

Querida muerte, antes de empezar a comer la gominola de fresa y encender la vela de cereza indispensables para hablar de la ignorancia, debo comunicarte mi gran satisfacción al verte encendida en el cosmos, sin nada que obstaculice el deseo suicida de abrigar entre mis hombros la noche quevedesca que te guarda. Hablemos de la ignorancia ahora:
1) Los ventanales iluminados, entrada a los habitáculos de luces temblorosas, son ojos fantasmagóricos que alumbran lo ignoto.
2) Apenas sin espacio, la melancolía ocupa siempre el último rincón de un lecho, y entre sábanas y sombras palpa lo que tan sólo pudo ser.
3) Si fuera Deucalión, solo, único en la inmensa Tierra yerta, Pirra me ignoraría como sujeto de su esperanza.
4) Y es que la ignorancia es fruto del amor, y abandonado éste, liberado el ser de la pasión lacerante, abierto al conocimiento, el ser muere, y, con él, el viento que lo condujo.
5) Pero la muerte es como una imagen en el agua, siempre es la misma aunque el agua fluya constantemente. La Muerte blanca y fulgurante, nunca remisa, jamás pensada. Elijámosla ahora con detalle.
6) Acércate, oh Muerte fúlgida, ventanal de noche, dorada sepultura. Acércate y contempla los ojos que admiraron tus labios de caramelo.
7) La lágrima de cristal ceniza torna y el fuego invade a la Tierra revivida en la carne sepultada.
8) Un beso de flan tardío que ofrecí como presente al mundo ignora y olvida la afrenta que sufrió siendo preso.
9) Y las entrañas, ya frías por el duro hueso, evádense de su misterio en etérea luz de noche télmica.
10) Acércate, oh Muerte fulgurante, fragor de terciopelo, tumulto de eróticas invasiones, insistente voz de derrochada agua como las gotas que un grifo deja escapar en la noche.
11) Si supieras, oh Muerte iluminada, ay campana libre, el dolor que en mi cabeza anida impetuoso, ¿ofreceríasme la aspirina de tus ojos envuelta en el abanico tenue de las pestañas sedantes de tus párpados?
12) Ay deseo extraviado que quiso para sí el dulce cenotafio de una macedonia de frutas, justa mezcla de cerezas, fresa invernal, naranjas boreales, las granadas de sus pechos... y no el frío alabastro de la efigie que me envuelve, sin abrigo y sin ser donde aposentar mis manos.

III

El cuello como una cárcava sedienta, naciendo en áureas espumas, desemboca en estuario hasta los nacarinos muslos que Federico instituyera. Las orejas como bulimas abiertas, y la flor hambrienta que en tu pecho anida, el lento participar en los oscuros pasos de la noche estática. Fueran mil sonrisas de lúpulo efervescente quienes abrieran el surco universal, dúctil asombro que palpitando muestra el despertar del tiempo en los templos escondido. De barro virgen modelado el vientre, como otero bajo sedientas nubes resbalando en el espacio inimaginable. Sean nuestras incógnitas noches el inmortal epinicio que ahogue el fruto de la sabiduría.
¡¡Más champán y prostíbulas copas!! Las caricias necesarias que nuestros labios albergan, la comunión sangrienta, la copa rajada y sangrienta, la desierta noche sin esclavos, venga la Muerte y venza a la creación innecesaria.

IV

Calla, el páramo surge, calla tras la piedra: Keats reposa en Roma bajo un escaño de granito traído de Inistore. Beethoven, convocado por el agua de Luzerna, tras de ella atravesó Freiburg inmerso en lámparas pétreas.
Para cantar al atravesado pecho del sajón esclavo es preciso tomar la lira, macerada sobre piedra su madera, montar caballo ruano sobre Carrictura y correr, correr en él hasta el bardo venerado.
La piedra, lápida de luces y epitafios, guarda el celo del amor perdido en la niebla del ausente, acaso más ausente sin ella. Piedra de mis pies pétreos a fuerza de vencerla. Piedra de sombra, roca de bruma si atraviesa el silencio reposado junto a la noche infinita.

V

Suene el juego sobre el paño verde. Suene la robada calderilla. Rompa la mano magullada la desgajada voz de licor, ensangrentado el labio por el vidrio. Brille limpia la navaja, pura en el corazón que la empuña; morir quiero por ella, por ella en fragor de besos húmedos de sangre y de monedas.

VI

La mano se extiende como un fantasma nebuloso y el velo otoñal descubre un beso arcaico como la primera nieve.
Amo ahora lo inanimado de los cuerpos extendidos al sueño fatigoso. Después de prolongados miedos junto al árbol tierno de aromas incipientes, admiro el luto de las sábanas; luto agrio, luto de sangre y macedonia como un estertor en el páramo, como el pinchazo del rastrojo en el rostro desnudo. Y veo en la segada noche la espera del crimen, cruento fin deseado siempre, rojo tinte en hielo oculto.
Clamorosa como el sauce en su llanto dormido, la haré regresar embriagada de honda sepultura, con el ánima en dos partida, el trémolo del ciprés de muertos enlutado, y la mirada de fresas fría, y la angustia de la tierra desbordada.
Es esta la luz que necesito: luz abisal que a los muertos en la noche abruma desconsolados por tanta espera e infortunio. La muerte de los difuntos sea servida siempre y la tierra su vestido de fiesta ornado de hoces y mortajas: la mujer fulgurante hendiendo el pecho en recogido beso de fuego y de tinieblas. Rostro de plata que en la lengua puso el dulzor de la Muerte y el terciopelo, abrigo del ataúd que abierto espera...

Epitafio

Ay el nenúfar flotante cuánto quisiera tus pies de perlas dormidas. Y los elfos al amanecer cuánto verte bostezar quisieran, con una copa en la mano y una fruto en la mejilla, luego de una juerga plena de carajillos, desprovista de vidrios y compresas.
Loca, ay loca de alcoholes, qué frescos tus pies en el asfalto, qué azul tu silueta breve de trenzas primaverales. Tus niñas de carbón, junto a un bostezo de aire frío, llenáronse de agua, y fue tal el cauce desbordado que entristeció el rocío como un niño enfermo.
Une chanson pour la nuit qui dort toute seule dans ma maison où tout s’enfouit tombe lourde, et tombent lourdes les heures qui reviennent en tourbillon d’escargots me mordre le nez égyptienne.

23.3.08

La pasión

M. Martínez Forega
Me he quedado aquí, soportando la ventolera de esta Zaragoza y ese frío que lleva atado a los bucles invisibles de sus roladuras; cayendo sobre mis pabellones, golpeando el yunque y el martillo como en un zenzile a ritmo de abordaje, amplificando en el tímpano los sonidos de las espuelas municipales en los estribos de los caballos que preceden a los tambores terroríficos anunciando la muerte del Cristo sin que se aplique en ningún caso y a ninguna hora la ley de contaminación acústica y además se cierren las calles y se organicen caos irracionales y se vulneren durante una semana entera los derechos civiles. Estalla mi oído incluso en casa y mis caballos se encabritan los bayos los alazanes y roanos los cimarrones pintos y este percherón que deambula por la casa sin saber dónde meterse y mis establos caotizados por tanto ruido por tanto azote no siendo yo Nietzsche ni Venecia esta ciudad que quiero tanto. No me hace llorar el caballo martirizado por la fusta, pero sí me vuelve loco su ojo horrorizado por el castigo y su belfo desbocado, y su dentadura de cómic mordiendo el aire como si fuera su enemigo. El aire, no el viento; a mí me muerde el viento y, encima, debo sujetar a mis caballos.

Ha entrado el Cristo solar en mi casa y ha iluminado las plantas de mi rincón selvático; ese Cristo aureolado que neutralmente detesto, chivo mesopotámico que, por expiar un día, desde ese día nos espía. El Cristo de Espronceda finalmente detenido en su cíclica carrera. Cordero cuya lana escondía al lobo de la iglesia.
Por fin mi percherón se ha calmado, pero ha puesto patas arriba la cuadra y la fragua y ha desritmado los pasos penitentes del terror. Por fin, sacrificado todo a la indiferencia del ruido mientras la sangre del cuerpo se escanciaba en los vasos de Dionisos y el pan, el verdadero Pan, arrojaba a Filomela a su destino alado y canoro.
Entre esas calmas he podido oír la voz de Rosendo Tello en un estupendo CD con sus sabias destilaciones estéticas, y he podido escuchar ahí la guitarra de Arelys Espinosa y el piano de Miguel Ángel Remiro, y los poemas de Rosendo vaciando el pecho del rapsoda Luis Felipe. Ésta es otra pasión que facilita el silencio, el silencio final sin su cofradía acostado extenso y liviano en mi pabellón distinto, donde acuden los trotes lejanos de los caballos del guerrero tellano montado por el juglar, y un ruido de armas cuya digna causa atiende desmitificándolo todo y dejando en el personae cualquier gesto amargo, toda emoción periódica a la luz de un plenilunio que ilumina el bosque de mi casa desmintiendo el planto, y deja por fin las estancias sumidas en un baño de reconciliación con la palabra íntima ajena a las siete que pronuncia el Cristo arrepintiéndose de ser el hijo. Cuánto dolor ajeno esconde esta pasión y cuánta alegría desbordada la que revela el silbo del sapo, el sueño de los manzanos.
Dignitatis memores ad optima intenti.

17.3.08

Laurent Tailhade. Primer poeta simbolista.

M. Martínez Forega

Laurent Tailhade nace en Tarbes (sur de Francia) en 1854. Poeta, periodista y polemista libertario. Confeso anticlerical, pronto se adhirió a los postulados anarquistas. Su justificación estética y provocadora del atentado de Vaillant en 1893 (Qu'importe les victimes si le geste est beau) desató contra él todo el odio de la prensa burguesa parisina. Un año después, él mismo perdería un ojo en el atentado anarquista con bomba del restaurate Foyot (4 de abril de 1894), donde Tailhade se encontraba azarosamente. Opiómano, murió el 2 de noviembre de 1919.
Sirva este brevísimo perfil para adelantaros que estoy a punto de concluir mi traducción de sus Vitraux y de Le jardin des rêves. La obra poética de Laurent Tailhade es inédita en España, así que os propongo un acercamiento previo a través de estos dos poemas.



Hortus conclusus

Quin obsequentes offerunt
Ligustra et alba lilia.
Candor sed horum vincitur
Candori casti pectoris
Hymnus in fes. Paritatis


Virgen, brilláis como un alba rociada
Bajo la esponjosa claridad de los rojos candiles;
Envolviéndoos con sus doradas olas,
Vuestros largos cabellos un manto solar semejan.

Igual que un perfume de mirra en torno al santuario,
De vuestras blancas bellezas brota un hechizo amargo
Y en los corazones afligidos, como un electuario,
Posáis la dulzura de vuestros transmarinos ojos.

Del olíbano guardado para las Bodas místicas,
Del cinamomo esparcido sobre inefables lechos,
Del nardo con que se embriagaba la Esposa de los Cánticos,
Flotan en vuestra frente desvanecidos los bálsamos.

En los divinos amores vuestra alma tímida
De los terrenales besos el dulzor ignora.
En las fuentes del Cielo se lava vuestra carne
Y las brillantes azucenas su hermana os proclaman.

Lejos de los falaces embaimientos cuya ebriedad nos engaña,
Surgís vos desde el fondo de los resplandecientes cielos,
Entre las custodias engarzadas de esmeraldas
Y los lirios de pascua granados de incienso.

Bajo el brocado rígido y pesado de pedrería,
Vuestros brazos por la oración entreabiertos lentamente,
En el ligero marco de las ojivas floridas,
Se tienden con un gesto indeciso y seductor.

Y, encalmada, esperando al dios prometido, sin descanso,
Muerta por el deseo antes de haber amado,
En las vidrieras doradas leéis vuestro sueño,
Y vuestro corazón se adormece como un jardín cerrado.
(De Vidrieras)

Soneto

Aunque esté roto como las fragatas
Que el Océano deja en los bravos arrecifes,
He guardado el tesoro de mis bellos sueños azules
Y cofres adornados de ágatas y perlas.

Remonto a veces el río nebuloso
De la infancia, bordeado de flores delicadas
Y veo pasar las prendas escarlatas
De los ángeles huidos en los fabulosos cielos.

Los jardines rebosan de danzantes desmayados,
Las rosas mueren, perfumadas, en el vino,
Los besos tienen alas y riendo pasan:

Por los setos suben sonidos de lira,
Sobre la fiesta presa de delirio
La estrella Poesía renace en el Oriente.


(De El jardín de los sueños)

Versiones de Manuel Martínez Forega

Monumento a Gustavo Adolfo Bécquer en Trasmoz

M. Martínez Forega
Hago desde aquí un llamamiento urgente a los visitantes, amigos y personas sensibilizadas con la poesía para que contribuyan con una cantidad, por pequeña que sea, a honrar la memoria de Gustavo Adolfo Bécquer en Trasmoz.
Pinchad el título de esta entrada para enlazar con la página donde se detalla en qué consiste el homenaje y la forma de contribuir a él.
Béquer, Trasmoz y el Moncayo son una muy digna causa y pretexto mínimo para dar muestras de nuestra generosidad.
Gracias por la atención que sin duda prestaréis a este perentorio mensaje.

15.3.08

Emoción

M. Martínez Forega
¿Todavía la emoción poética se encuentra encerrada en el prejuicioso globo rosa de la cursilería? ¿Hemos tomado tanta distancia que la palabra poética no representa ya nada afecto a la gran metáfora que guarda el corazón?
Acabo de ver llorar a un poeta; lo he visto, repito, y lo he escuchado entrecortarse cuando trataba de definir lo que para él representaba la poesía. No pudo definirlo, pero bastó para todos la prueba manifiesta de su emoción que yo aplaudo entusiásticamente.
La modestia en su grado de infinitud adquiere a veces esa forma comunicativa en que la glotis se cierra inexorablemente a la expresión y dejan de ser necesarias las imágenes verbales, las figuras representativas, los modelos de la retórica, el paradigma preceptivo. Así es: aquella modestia, aquella que parece haber desaparecido de la carrera por la megalomanía y la autocomplacencia virtuosa en el manejo de un lenguaje complejo que dista mucho hoy de ser eso precisamente, virtuoso. En el maremágnum de las formas se nos olvida que el narcisismo no ha perdido un ápice de su adolescencia incluso en la poesía más madura, más madura en edad, quiero decir. El árbol gigantesco de la arrogancia nos impide ver con claridad el prado de la emoción, el arroyo del ánimo aterido, el manantial de la herida consustancial a la poesía, y sólo al azar —bienvenido azar— la vida ofrece los escasísimos frutos de un poeta henchido de lágrimas y halando empujado por los vientos de la incredulidad y la estupefacción de sus oyentes.
Rafael Luna —el poeta— tiene mucho que aprender aún, lo sabe; mucho que dilucidar en su lenguaje; también lo sabe; mucho que corregir; y también lo sabe. Pero tal vez no sepa que tiene mucho que enseñarnos todavía. En su caverna púrpura (llamaba El Hafiz al corazón) arden inagotables los leños de la raíz humana distintiva, descansa en él la carimba con la que estigmatizar la verdad más honda, capaz de contrastar nuestra incredulidad de poetas "aparte". Rafael Luna no habla del árbol, del gato, del agua, del tejado, del culo, del monte.... Es él el árbol, el gato, el tejado, el culo, el monte...; posee, por fin, el don que sólo los dioses concedieron a Proteo y un día, seguro estoy, nos lo dirá con la palabra precisa, la más precisa, porque escribirá con la gramática del corazón, cuyas reglas vamos olvidando poco a poco. Espero que entonces todavía derrame algunas lágrimas tan subversivas como las de hoy, 15 de marzo de 2008.

14.3.08

Sobre el amor y la melancolía. Textos alemanes (Selección y traducción de Berna Martínez-Forega)



1. Der Reichtum einer Liebe zeigt sichauch im Einfühlungsvermögen.

La riqueza del amor se muestra también en la sensibilidad.

Ernst Ferstl

2. Man kann nicht jemanden nicht mehr lieben. Liebe kennt weder Anfang noch Ende

No se puede dejar de amar a alguien. El amor no conoce ni principio ni final.

Andreas Tenzer

3. Wenn die Liebe stehenbleibt
verlierst du sie aus den Augen

Cuando el amor permanece, lo pierdes a través de los ojos

Anke Maggauer-Kirsche

4. Liebe ist ein hübsches Nachtschattengewächs und eine für Träumer wie geschaffene Droge aus dem Schoße der Natur

Amor es una bonita solanácea y, para las sueños, como una droga extraída de la secreta naturaleza.

Peter Rudl

5. Die Liebe lebt, wer's Leben liebt

Vive el amor quien ama la vida.

Michael Marie Jung

6. Die Liebe ist so lange lebendig, als ein Rest unerfüllter Sehnsucht bleibt.

El amor es tan duradero como un resto de insensible nostalgia que permanece.

Ernst Reinhardt

7. Liebe ist Schwerelosigkeit.

Amor es ingravidez.

Peter Barthel

8. Lieben macht verletzlich.

Amar nos hace vulnerables.

Martin Knech.

*********

1. Melancholie ist ein Tropfen Wermut aus dem Krug der Depression“.

Melancolía es una gota de amargura en el vaso de la depresión.

Klaus Ender

2. Melancholie: das Parfum des Schicksals, der Nebel der Trauer, die Erotik der Depression“.

Melancolía: el perfume del destino, la niebla de la tristeza, el erotismo de la depresión.

Markus Weidmann

3. Melancholie: Tränen einer suchenden Seele“.

Melancolía: lágrimas de un alma encontrada.

Nadine Prota

4. Manche Melancholiker sind Menschen, die nur noch als Clown in dieser Welt eine Überlebenschance haben.

Algunos melancólicos son personas que sólo como payasos tienen una posibilidad de supervivencia en el mundo.

Christa Schyboll

5. Wenn es keine Melancholie gäbe, wüßten wir dann den Zustand den Glückes zu schätzen?

¿Si no existiera melancolía, sabríamos entonces valorar la felicidad?

Anónimo

6. Es ist schon eine seltsame Melancholie die das Leben legitimiert!

¡Ya hay una extraña melancolía que legitima la vida!

Christopher Tafeit

9.3.08

Poesis vivax!

M.M. Forega
Estuve anoche en La Campana zaragozana de los Perdidos, y estuve con Octavio Gómez Milián y sus amigos, y con los poemas de sus amigos, y con los poemas de sus amigas, y con sus amigas. Hay mucho guapo en Zaragoza, y mucha guapa, y -por fin- Natividad me acompañó a una de estas fiestas noctámbulas y nictálopes, muy nictálopes, porque en este tipo de fiestecicas hay que ver con el oído. Y no había oído yo a esos fragmentados Experimentos in da Notte a los que espero ver enteros y tan verdaderos. Zaragoza no es Zürich, pero había algo de vanguardia esa noche en "La Campana", cuando menos algo de la vanguardia literaria zaragozana, que ya tiene algo que decir en esto de escribir poemas y, sobre todo, exponerlos al oído de todos.
Me sorprendió la calma y la austeridad de Octavio sin que le faltara ese puntico épatant ni obviara unas goticas de ironía resbalando por las comisuras de sus labios y por los vidrios de nuestras cráteras abarratodas de ansiedad. Abarrotada estaba "La Campana", llena de amigos y coincidentes, y conocidos, lo que es síntoma excelente de que la poesía zaragozana ya no es anónima y que en la amistad se funda su mejor valor, donde siempre se ha fundado la poesía cuando ha querido ser enfáticamente influyente e incluyente. Me divertí de lo lindo, y de lo guapo, y de lo hermoso, de lo Sublime y de lo Absoluto, de lo Puro y de lo Nuevo. Y, como una lluvia munífica, cayó sobre nuestras cabezas y en nuestros pabellones el poema de un "invitado" (Miguel Ángel Ortiz Albero) que decía, precisamente, de la amistad de los poetas encontrados en "La Campana de los Perdidos", y dijo haberlo escrito en una tarde, a la manera lopedeveguiana, con dos cc., pero con una más que gratificante sabiduría en medio de tanta idiotez (idiotis = débil de mente) como nos rodea comúnmente. Y se deshizo en drama reflexivo el apropiado Carpe noctem de Ana Muñoz (cada vez que lo leo o lo escucho me gusta más y más), otra guapa Absoluta, "invitada" también a la escalerilla del levítico andamio que ocupaban Octavio y Malatesta. A él se subió, haciendo y bebiendo una palomita, el arquero Tajahuerce para describirnos la soledad del Can Cerbero en medio del prado futbolero, y algo de bolero chulesco tenía y tiene aquel poema de Octavio que desnuda a Jane Birkin en su tálamo alquilado a Horacio, así de docto y deleitoso es ese poema irremediablemente obsceno cuya ironía codal lo señala como un poema cimero.
Y en corricos nos vimos todos, iluminados por la lámpara amarilla de Ingrid y la melosa mirada de Natividad, mientras en los descansillos se escuchaba la voz fuerte de Fernando Sarría, la pertinaz palinodia de Manolo Vilas, la fuga lúdica de Carmen Ruiz Fleta, los flashes de Javier Torres y Ana Muñoz.
En carne izada ya la noche y embutida en su sudario, casi llegó a la última palabra Luis Felipe Alegre, a tiempo todavía de que no pasara el tiempo, sino nosotros por él, por el tiempo, como decía Octavio Paz, y Luis Felipe abrió el tarro de las contingencias de la noche para tocar la guitarra de Arelís y perfilarnos a Marcos José, revolucionario por muchas razones y signado con los estigmas proféticos de los héroes.
Poesís vivax!

Bombas Fúnebres

Montaje: Leónidas Martín Saura

Bombas Fúnebres
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25.2.08

Las berzas de Zaragoza

M. Martínez Forega

Zaragoza, desde hace ya unos cuantos años, huele mal. Literalmente: HUELE MAL, muy mal. A veces, insoportablemente mal. Oler mal es hoy una de las características coyunturales zaragozanas que más mal huelen. Seguro que existen culpables, esos a los que se dice "responsables" y que no se responsabilizan de nada. Aún más grave es que otros responsables, con la ley en la mano, todavía no hayan hecho nada por eliminar el mal olor de Zaragoza. A mí (y a casi todos) me da igual de quién sea la competencia en materia de contaminación tan oliente. Lo que es seguro es que corresponde a alguna de las cinco administraciones que compiten sin competencia en nuestra Zaragoza en la que la nada crítica sobrenada por encima de esos efluvios piridínicos o sulfurosos que, además, tampoco sabemos en qué se convertirán dentro de nuestros pulmones (siempre queda el tabaco para echar humos fuera).
Hoy, lunes 25, y a la hora que esto escribo (17,30 h.), de nuevo ha llegado hasta mi pituitaria ese tufo. Dicen que es de las industrias papeleras; otros aseguran que viene del Polígono de Cogullada. En fin, yo no sé de dónde viene, y tampoco se nos ha informado al respecto (silencio total, mutismo por el foro —que aquí tenemos uno— y silencio por t’ol morro —que tenemos más de uno; por lo menos, cinco—). ¿Alguien sabe de verdad de dónde llega ese olor a mierda?
Ayer volvía de Barcelona en el coche y, al llegar a Alfajarín, de nuevo ese tufo insoportable, cada vez más intenso conforme me acercaba a Zaragoza, constatando lo que ya es conocido fuera de nuestras fronteras, como lo pre-atestiguaba el comentario de mi querido amigo Àlex Tusquets: «Oye: ¿a qué se debe ese olor tan desagradable que aprecio tantas veces cuando voy a Zaragoza?» Se desenvuelve a su aire en el aire y lo traspasa todo; se mete por cada rendija de las casas, de los trenes, de los buses y de los automóviles. Lo inunda todo con un descaro y mala educación que uno se harta de tanta indolencia administrativa, porque está hasta las narices de tantos acre hedores sin que ofrecezcan nada a cambio; al menos una mascarilla. Gravísimo resulta, por otra parte, que tal asunto parezca que lo hayamos asumido ya como algo natural e inevitable: pues, si es así, que nos regalen, cuando menos, condones para las napias.
Yo no sé si el gallo de la EXPO logrará terminar con el problema. Entre tanto, seguro que tendremos que seguir aguantando la podredumbre de los huevos de sus gallinas. Y si no acaba con él, esperemos que no poten los siete millones de visitantes que prevé acoger semejante gallinero porque, si es así, si potan, yo —lo juro— me voy de Zaragoza.
¡Ah! Y ojalá no nos tengamos que oír que la culpa es de los inmigrantes porque cada domingo se hacen una caldereta de berzas en el parque «Tío Jorge».
Mejor no dar ideas.
En cualquier caso, todo volverá a su cauce en las (¡cló... có... cló... cló... có... có...cló...) cloacas del aire cuando se aposente la Gran Cagada en los Monegros. A ésa no se la llevará el cierzo.

20.2.08

Conversación con Mariano Esquillor

M.M.F.: Tu vida, Mariano, ha estado salpicada de multitud de anécdotas dramáticas que, sin embargo, has sabido tratar con buen sentido del humor. ¿Qué hay de esa dramática en tu poesía?, ¿qué de esa ironía?


—El sentido del humor me libró de muchos apuros y aprendí mucho, muchísimo, de las anécdotas dramáticas. Aquel sentido del humor lo heredé de mi padre, forma parte de mi condición más biológica, y lo ejercito en el trato, en las relaciones sociales; pero a mi poesía se ha trasladado (sin ninguna duda, creo yo) las experiencias del drama, su gravedad.

M.M.F.: Sueles lamentar la carencia de una formación académica, pero tu obra no la manifiesta. ¿Hasta qué punto ese aspecto ha podido condicionar en algún momento tu escritura?

—Ni eso, ni cualquier otra cosa de esa índole, pudo condicionar mi manera de escribir: Lo digo con modestia, con sincerísima modestia.

M.M.F.: Eres un poeta extraordinariamente prolífico; un Lope de Vega redivivo...

—Confieso que nada he leído de Lope. La fecundidad es para mí algo natural, inconsciente; no cuento el número de mis palabras (sí mido las apalabras), aunque he pensado siempre que tengo mucho que decir, y lo digo como sé, mediante la palabra poética. Consideremos que he publicado 22 libros, pero que tengo inéditos otros 50. ¡Fíjate...!

M.M.F.: Eres, no obstante, un poeta tardío. Comienzas a escribir a los 51 años y tu primer libro data de 1973, cuando ya tienes 54...

—Cierto... Quizá mi fecundidad se deba a esa circunstancia, a mi aplicación tardía a la escritura y a la contención que, hasta ese año, me impuse por otros motivos que aquí no vienen al caso. Parece lógico entonces que todo yo estallara como una bomba lene (o no, según se mire): en forma de deflagración poética.

M.M.F.: Sé que tu relación con Manuel Pinillos fue excelente y que lo admirabas por su honradez crítica y la honestidad lectora que siempre ejerció con tu poesía. ¿Qué puedes destacar de esa relación primordial y de la Zaragoza poética y literaria es esos años?

—A Manuel Pinillos lo consideré siempre un amigo entrañable, me unía a él una profunda amistad nada retórica. Sin embargo, se granjeó otras buenas enemistades fruto de su plausible manía de decir siempre la verdad (¡qué se le va a hacer: el poeta no soporta ni un rasguño en su megalomanía!)
De aquella Zaragoza de los 70, recuerdo a poetas como Rey del Corral, Ángel Guinda —que compartía conmigo la amistad de Manolo—, Luciano Gracia, Miguel Luesma, Benedicto Lorenzo de Blancas, José Luis Alegre, Ignacio Ciordia, Julio Antonio Gómez, que siempre me animaba a escribir y, en una ocasión, me dijo: «sigue escribiendo, Mariano, porque llegarás a ser un gran poeta». Naturalmente, se equivocó (risas). Bueno..., nos veíamos todos de vez en cuando, aunque, a excepción de Ángel y Manolo, pues... eso, con los demás nos veíamos.

M.M.F.: ¿Participaste del cenáculo zaragozano del «Niké»? ¿Qué puedes decirme de aquel grupo poético? Te sientes o sentiste identificado alguna vez o de alguna manera con él?

—No me sentí identificado en nada y para nada. Mi relación con algunos de sus miembros fue puramente ocasional y, casi siempre, el trato fue más humano que poético. A Miguel Labordeta ni siquiera lo conocí. A mi juicio, se ha extremado la importancia de aquel grupo. Claro que era casi el único que ornaba aquella Zaragoza cadavérica. No obstante, tuvo el mérito de poner a la poesía zaragozana y aragonesa en el disparadero, el mérito de ser un referente. En cualquier modo, no me atraía participar de su ecclesia. Del otro lado... me hubiera gustado conocer a Ignacio Prat: ése sí... Lástima de su prematura muerte.

M.M.F.: Hay un aspecto proverbial en tu talante humano y que conecta muy bien con el poético: las visitas que recibes de poetas jóvenes y la admiración que éstos sienten por tu obra. ¿Cómo juzgas esta circunstancia? ¿Hay, en tu opinión, algún poeta joven que destaque?

—Aunque mi perspectiva es ya muy amplia por mi edad (tengo 85 años), me resulta extremadamente difícil citar nombres. Hay quien me trae sus poemas, pero otros caen en mis manos de una u otra forma. Aquí tengo tiempo para leer... Lo que sí puedo decir es que leo con mucho gusto sus trabajos y que he observado en su estilo (permíteme este farol) algunas influencias mías; ese espontáneo iluminismo que dicen representa mi obra. Desde luego, se trata de un fenómeno para mí muy halagador.

M.M.F.: Viene diciéndose desde hace algún tiempo que Aragón ha dado por fin en el clavo de la poesía, llenando así el gran lago seco de su historia literaria y que en los últimos treinta años han surgido nombres de mérito. ¿Opinas tú lo mismo, Mariano?

—Por supuesto que sí. Y ahora no tengo ningún pudor en decir que algunos nombres de ese período que citas son ya destacados poetas. Por ejemplo, Ángel Guinda, Joaquín Sánchez Vallés, Alfredo Saldaña, Raúl Herrero, Ángela Ibáñez, Mariano Castro, Cristina Járboles, Alicia Silvestre, Ortiz Albero, Conde, Magdalena Lasala, Longás, Ángel Gracia, Sergio Algora, Petisme, Gabriel Sopeña, Antonio Ansón... Con seguridad me olvido de muchos (que me disculpen, por favor), aunque creo que resulta más que ilustrativa la nómina que acabo de citar para contrastar el contenido de tu pregunta.

M.M.F.: De tu poesía se han dicho muchas cosas, pero el juicio más extendido es el que alude a su luminosidad, a su fantasía profusa. ¿Estás de acuerdo con este análisis?

—Casi del todo. Yo añadiría, en un alarde de autoexégesis, que la invade también un permanente sentido de la existencia, del vivir, y un impulso vital traducido al muestrario simbolista (no lo digo sólo yo), al rapto romántico y a cierto misticismo (sensualismo, si lo quieres juzgar más laico); de hecho, Ángel Guinda me califica como un «místico libertario» (risas).

M.M.F.: Se ha llegado a decir incluso que tu obra avanza las corrientes que invadirán buena parte de la producción poética del siglo que acaba de empezar: ¿Qué te parece a ti esta afirmación? ¿Estás de acuerdo con ella?

—Pues no lo sé; no sé qué decir; no tengo elementos de juicio para afirmarlo. Pero si lo dices tú (que es quien lo dice), entonces me lo creo (risas).

M.M.F.: Concédeme, para finalizar, un brindis a la estética: ¿Qué entiendes tú, por «conciencia poética»? ¿Existe verdaderamente?

—No lo sé. En cuanto a brindar, no bebo (carcajadas).

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Mariano Esquillor nace en Zaragoza en 1919. Su vocación literaria es ciertamente precoz, pero su ejercicio práctico es, en cambio, tardío; ello puede dar idea de cómo emerge en el panorama poético aragonés y español su obra torrencial y profusa, fecunda, casi inabarcable entre los títulos que ha ido publicando desde su primer título (aparecido en 1973 en la colección «Poemas» que dirigía Luciano Gracia en Zaragoza) y el que está a punto de aparecer en 2005. Entre ambos, dieciocho libros que recogen veintitrés títulos y una antología pertenecientes a un poeta de la imaginación, de la fantasía, a un poeta constructor —nunca mejor dicho— de mundos ya olvidados, de revelaciones, de espacios tan necesarios no sólo para él, sino imprescindibles para la poesía que se precie de llamarse así. Fácilmente podrían traerse aquí las palabras de Paul Valéry acerca de esa etimología tan cara al poeta verdadero como vilipendiada por las corrientes anecdóticas. Esa labor operística ha dado por fin con un talante escritural que funda el objetivo de la palabra poética en su más hondo significado (no vulgar, por cierto, pese a la gratuidad comparativa con que se la ha tratado desde los esquemas conceptuales y semánticos contaminados de la más crasa vulgaridad), y ese significado es el de la profecía, el de la visión anticipada de los mundos, el de su conquista por el espíritu que, imperativamente, ha de ser poético para ese fin. Para ese fin que no es un fin en sí mismo, sino un medio, un tránsito entre lo que se siente y lo que se alumbra; entre aquello que se dice y su contraste con una realidad adivinada. A esto se le llama iluminación por la intuición, y a Mariano Esquillor este valor le sobra por fecundo, por procreador, porque está inscrito en su génesis natural. No le es necesario anunciarlo: es él, en sí mismo, el testigo de cargo y su palabra el testimonio en un proceso que condena a perpetuidad cualquier estrategia modal o moldeable. La carne de la palabra recubriendo el esqueleto poético de un hombre que lo es por ser poeta o viceversa. Así ha de declararse por cuanto de verdad acreedora ha prestado a la poesía que ha adivinado.


Bibliografía
La colina eterna, Zaragoza, colección «Poemas», 1973.
—Desde mi tienda alcanzada (Balada a la tierra), Zaragoza, colección «San Jorge», 1975.
Hielo y libertad, Zaragoza, colección «Horizontes», 1975.
Noches y albas, Zaragoza, colección «Aljafería», 1976.
Oda de látigos. Helíaco, Zaragoza, colección «Puyal», 1977.
Mi compañera la existencia. Apuntes de un vagabundo, Barcelona, colección «Ámbito Literario», 1979.
Mensaje a Fenicia. Luz, sombra y silencio. Vida, guerrilla y muerte, Sevilla, colección «Aldebarán», 1980.
Desde la torre de un condenado, Zaragoza, colección «Poemas», 1981.
Paisajes vivos, Zaragoza, colección «San Jorge», 1985.
Elegías a Fuensanta, Zaragoza, P.U.Z., colección «La Gruta de las Palabras», 1989.
Lagunas despiertas. Trovador aturdido, Zaragoza, colección «San Jorge», 1992.
Épocas sedientas, Zaragoza, Lola Editorial, colección «Cancana», 1994.
Arco lírico (Antología), Zaragoza, Olifante, 1999.
—Tierra negra, Zaragoza, Lola Editorial, colección «Libros de Berna», 2000.
Playas de tormentas mudas, Zaragoza, Libros del Innombrable, Biblioteca «Golpe de dados», 2000.
Opio, Zaragoza, Libros del Innombrable, colección «Sarastro», 2002.
Huracán de sol, Zaragoza, Libros del Innombrable, Biblioteca «Golpe de dados», 2004.
Columpio autobiográfico, Zaragoza, Libros del innombrable, 2007.


A la chica de ojos terribles (Poema)

Inviernos con rostros siniestros asoman a tu cuerpo, que es el mío, con ideas turbadas por torbellinos bíblicos: La usura de no ver a la muerte mientras se vive. La maldición cubre la belleza bendita que nos busca sin vernos. Tú, la deseada musa de los abandonados, no me envuelvas con el terror de no sentir el abrazo íntimo que se nos va con los delitos que la tortura nos entrega desde sus alas inmortales.

Toco tus brazos, no los siento. No me pidas que suba a tu trono destrozado. Lo haré cuando no me lo pidas. Déjame vivir en los picos de tus montañas envenenadas. No me injuries si por ti no sangro. No sé dónde está mi salvación. Alejémonos de los pantanos del frío. La fuerza de Dios nos ayude, y la felicidad se revuelque en nuestra hogueras aún vivas. Iré a buscarte. Ponte en los ojos mi estrella, que yo en los míos pondré tu amor de diosa irrepetible.


Mariano Esquillor

Un libro es

M. Martínez Forega

Un libro es (alguien lo dijo antes que yo, pero no por eso deja de ser verdad, y verdad útil) un diálogo imaginario; pero es más la propuesta de un diálogo: es una invitación libre que llama a la puerta de nuestra libertad con tanta frecuencia olvidada. Es un libro una aventura; pero, más que la aventura que cuenta, es nuestra propia aventura: la de hacernos partícipes de ella. Un libro puede ser un somnífero, pero también un despertador, un reto o la resurrección a una vida nueva. Un libro es la memoria que un día olvidamos o el recuerdo escrito de aquello que un día nos callamos; un libro es nuestro espejo oscuro, como un fantasma transeúnte que nos delata e inútilmente intentamos ocultar con nuestra voz; es un sol en su cenit que pone llamas en nuestra cabeza y esconde bajo los pies nuestra buena sombra. Pero un libro no es cultura si es sólo información; leer un libro no cultiva, releerlo sí. Un libro nos forma si se vive y nos deforma cuando sólo echamos mano de él como quien pide un favor clandestino; un libro debe solicitarnos, embellecernos, vestirnos con las palabras que imaginamos sin saber que existían o que sabíamos sin poder imaginarlas. Un libro debe reconstruir nuestras ruinas aunque a veces nos arruine el alma. Un libro es muchos libros, pero puede ser EL libro. Un libro debe educar sobre todas las cosas nuestro corazón, pero siempre pone alas a nuestras palabras para hacerlas más bellas. Un libro es un bisturí con el que hacemos una autopsia al mundo y frente a ella vomitamos o llama todavía más nuestra atención. Un libro es vértigo (como pasarela móvil sobre el abismo); es abismo; es laberinto, delito u horizonte amplio, horizonte de mármol, hielo deslizante, espino, extenso mar inagotable, borrasca o playa de arena para el náufrago. Pero un libro es también naufragio, polvo levantado por la ventisca, brisa...Es un libro una selva con lianas que nos cuelgan, árbol del que pendemos o dependemos. Un libro es un campo de batalla, es una multitud pidiendo a gritos su rescate; un libro es un rapto, un puñetazo, explosión de ánimas, implosión de ánimos y de cuerpos, esqueleto propio, osamenta viva que nos llama, y nos llama. Es un coma, es luz, vergel, páramo de palabras, feraz huerta de emociones, semilla errante es tanto tiempo un libro vagando por los territorios de quienes no saben leer. Un libro es posesión que se arroja con desdén a la virtud de los perversos; un libro es taberna, copa y copo, vil traición de una firma o el brillo de un nombre esculpido en el aire para siempre. Un libro es azar y, al azar, nuestro libro de un día, pero nunca el último, jamás.
Un libro es un destino: quizá nuestro destino y, tantas veces, otro destino muy distinto sin él.

Creer y crear

M. Martínez Forega

La sistemática articulación del hecho poético; la canonización del complejo fenómeno «creador» con dudosa necesidad son el resultado —fallido— de las propuestas que, en forma de poéticas, de manifiestos estéticos, han angulado el devaneo exegético de muchos escritores. Tan prolijos decálogos, cartas magnas y demás morralla que las constituyen persiguen —o han perseguido— coordenar el numen caótico que el propio desacomodo del poeta creía necesario acotar, como si la poesía pudiera reducirse a matemática, a una ecuación con diversas incógnitas susceptibles de ser despejadas, cuando, al contrario, surge substancialmente de la inadecuación, de la disconformidad con una hipotética realidad que todos, con más razón que sin ella, tendemos legítimamente a censurar.
El combate entre ser y parecer adhiere a la labor del poeta y del artista el principio de provisionalidad y no el de previsionalidad, como pretenden aquellas declaraciones de principios. Nada es fatal ni deja de serlo. Reducir a los estrechos márgenes de la razón un fenómeno tan frecuentemente azaroso y fortuito es, creo yo, un error. Estructurarlo, darle forma hasta hacerlo cuasi preexistente o, por el contrario, reflexionar sobre su contenido finalista, me parece sinceramente un despropósito.
No existen criterios para elaborar una poética. Tampoco puede la poesía restringirse a la ambigüedad de sus límites etimológicos: si poïen es «crear» la obra literaria, yo no creo que creemos (aunque lo creamos), y me pregunto si esa disposición a definir el dogma personal no será producto de la estética francesa —plagiadora y proclive al manifiesto—, a la que hemos estado sometidos los «creadores» españoles desde hace casi tres siglos. La cultura francesa, que todavía no ha perdonado a Carlos Martel su victoria sobre Agramante, incluyó en su vocabulario el término hassard. Creo en esas culturas que supieron dar contenido y significado a un más allá en este mundo, que supieron mantener la apasionada expectativa ante lo inefable instrumentada a través de la intuición y no de la reflexión; creo en el azhar.
Recrea(c)ión sí, activa, indagadora, con el lastre de una tradición que debemos reinventar sin desechar la sugestiva caída en un abismo sin fondo donde palabra, albur, instinto e intuición protagonizan los papeles decisivos del drama. Creer sí, no definir, no regular, porque cualquier intención creadora desemboca en huera retórica cuando es en su objeto apriorística.

19.2.08

Carta a Octavio Gómez Milián

M. Martínez Forega

Tardía –pero necesariamente- respondo a tu libro, Octavio, que he leído con la meditada atención que merecía (y que sugería). Empezaré diciendo que me parece un buenísimo libro. Mi tocayo Vilas debería haberse mojado un poco más en el prólogo (aunque ya sé que no debe ser su finalidad solapar el logos del autor). Me parece un buenísimo libro porque, primero: a pesar de apostar por la intrascendencia, prestando así más atención a la inmediatez de la experiencia, huye permanentemente del relato pueril y de la anécdota (un par de hábitos que frecuentan los Paniaguas, los Rendueles, los Bonillas, Tesanes, Piqueros... jóvenes “intelectuales” desfondados que citan sus lecturas por medio de las sinopsis de las contracubiertas y que llevan sus poemas como las alfombras que nos ofrecen los ”paisas” por los bares: al final –y tristemente- apelmazadas por el polvo). Segundo: porque me gusta muchísimo esa ironía (no me extraña que encabeces con alguna cita de De Cuenca) en el tratamiento del tópico dramático o doliente (claro que la ironía no deja de ser una forma de estoicismo) o, si no, tomes, como decía Bataille, la “vía oblicua”; no otra ésta que la asepsia elegante. Tercero: porque me encandila la sencillez del poema de la página 57 para resolver un apunte crítico sobre las actitudes humanas (la petulancia, en este caso) y de ello resulte una contundente censura sin paliativos (que, además, comparto). El flujo verbal de este poema y el diseño de sus escenarios me parecen ejemplares. Cuarto: la adherencia toponímica de Por qué no nos hicimos... tiene un valor mayúsculo, y es su absoluto desprejuicio, su desinhibición (ya se sabe que en la literatura española contemporánea está prohibido citar todo aquello que no sea Bilbao, Barcelona o Madrid: el triángulo mágico que, como un Bermudas hispánico, se traga al resto de la geografía con todo dentro: nombres, personas, vivos, muertos; lo tangible y lo intangible); por lo tanto, celebro ese apunte, que también Manolo Vilas, estoy seguro, celebrará. Quinto: porque, desde la perspectiva formal (asunto que a mi me importa mucho) el libro tiene ritmo, fluye sin tropezones ni trastabilleos (es éste un defecto tan extendido en la poesía de los últimos veinte años que gratifica –y sorprende, incluso- encontrarse con alguien que no lo padezca. Pese a Montale; pese a Leopoldo María Panero, sigo pensando que la poesía no es enteramente forma ni es enteramente idea. Yo, que soy en este punto baudelaireano y wildeano y me aferro a lo Sublime y a lo Absoluto como finalidad última de la poesía, no estoy en contra, sin embargo, de que se conceda a la expresión (más que a la comunicación) la oportunidad de ser palabra autónoma, despegada de todo determinismo teórico. En consecuencia, debo, pues, atribuirte también parte de ese valor independiente que muestran los poemas de las páginas 27, 46 y 62, en los que, tanto la situación como su resolución verbal, acuden a la experiencia instrumental, la coda epistolar (o dramática) y la palinodia, respectivamente.
Los antólogos, estrábicos siempre, con un ojo p’al extremo noreste y otro p’al centro, parecen moñacos de Valle-Inclán en esto de leer poesía y, como tampoco son Sartre, sus globos oculares se mueven como los de los autómatas: al son de los mecanismos mediáticos o de los foros académicos y editoriales. Éste es el Gran Mal que padece, a mi juicio, nuestra crítica poética, Octavio; y es un mal endémico; es connatural, y específico de este país culturalmente bipolarizado.
Tuve ocasión de corregir (por cierto, el error –como otros más- fue finalmente del repicador del texto, no mío) verbalmente las erratas de tu nombre en la presentación de la revista El invisible anillo en Madrid, donde pude dar cuenta de esa misma idea y de citarte como uno de los nombres que deberían necesariamente estar en próximas antologías, aunque sea en esas ampulosas que se redactan cada dos minutos y llenan las bocas de sus introductores con voces salidas de no se sabe dónde (de la chistera de García Martín o de De Villena, magos a los que no les gustan precisamente los conejos) para lucimiento del antólogo. Aunque se está mejor en las lisas y llanas, sostenidas por los textos, sin más pórtico exegético que el indispensable para saber que te llamas Octavio. A ver cuándo alguien se atreve a hacer algo así.
No más exhaustividad. Concluiré reiterando que para mí ha sido más que gratificante leer los poemas de ese largo título y que espero seguir haciéndolo en el futuro con placer igual.
Gracias, pues, Octavio, y mi abrazo

17.1.08

Canon sí, pero corrijamos algunos conceptos: Copyright y Copyleft

M. Martínez Forega

¿Canon? Sí, aunque a regañadientes. Si soy partidario del canon es por la misma razón por la que acepto a regañadientes la larguísima, la interminable nómina de cargos que ocupan los representantes políticos en el Congreso, Senado, Parlamentos Autonómicos y europeos, Diputaciones Provinciales y Forales, Ayuntamientos, Comarcas, Delegaciones y Subdelegaciones y demás indefinidas e indefinibles representaciones (que uno no sabe, en realidad, dónde ni cuándo acaban), con la desventaja de saber que ese dinero que les pago por hacer tantas veces —y decir siempre— auténticas barbaridades se destina a compensar el desempeño de políticas que no sólo no comparto, sino que, incluso, agreden mis intereses. Es decir, que también debo aceptar mi cuota de financiación a las actividades de mis enemigos. Y no sólo eso, sino que éstos (y quienes lo son menos) cobran por partida doble: una por el desempeño nominal de su cargo y, otra, la financiación en abstracto por el número de sufragios obtenidos que recibe la organización política a la que representa. Este canon doble lo pagamos todos con la misma naturalidad que vemos llover, y yo, abstencionista confeso, estoy —aunque de nada me sirve— en contra de, cuando menos (de mi no-voto no se llevan ni un céntimo), aquel pago nominal, al que debería oponer el mismo reparo que argumentan quienes dicen que el canon debería suprimirse porque grava indiscriminadamente a quien copia y a quien no copia. Pues bien, los abstencionistas decimos que se supriman los salarios de los diputados, senadores y alcaldes porque se les paga, también indiscriminadamente, con los impuestos de los que votan y de los que no votan; y que se suprima también la financiación a los sindicatos porque grava indiscriminadamente a los afiliados y a los no afiliados; y que no se construyan carreteras porque gravan indiscriminadamente a quienes tienen coche y a quienes no lo tienen; y que no se compren AVEs porque gravan, indiscriminadamente, a quienes van en tren y a quienes viajan en avión; y que se suprima la ley de dependencia, porque ni tiene altzheimer mi padre ni obesidad mórbida mi tía... De todo este maremágnum, me quedaría con el canon de Pachelbel si la cosa no estuviera asociada a intereses más elevados que los que reclama el malestar de los ciudadanos. El verdadero interés de que esta polémica siga adelante es el que defiende la industria tecnológica, que ve en el canon un obstáculo a la venta de sus productos, como si sus beneficios no fueran ya bastantes. Y otro factor no menos importante es la mala educación de la mayoría de la sociedad española, que todavía responde instintivamente contra la compensación económica de los derechos de los creadores y no lo hace contra los altísimos ingresos que percibe un futbolista por sus derechos de imagen. Naturalmente ven más partidos de fútbol que cine, teatro u obras de arte y muchos más que libros leen, por eso discrepan del pago de unos derechos y alimentan otros, por eso asumen los incrementos en el precio (I.V.A. incluido) de sus abonos y entradas. Ya sé que ello responde a una impregnación mediática y su consecuente colonización de las conciencias, y que esos derechos de imagen los gestiona el club que los ficha; ¿pero no es ello también reflejo de una mala educación, cargada de hipocresía en este caso?
La mentalidad de los españoles aún debe madurar mucho, muchísimo, para llegar a la altura de la mostrada por nuestros vecinos. ¿Se imaginan que en una Feria del Libro en España se cobrara entrada por visitarla? Así se hace con naturalidad en Francia, por citar sólo un ejemplo. No, el español de hoy pagará su entrada para ver diez coches deportivos en una feria monográfica sobre vehículos de competición, pero pondrá el grito en el cielo y añadirá un ¡que les den por el...! si, aun a duras penas, su curiosidad le ha empujado a una feria libresca arrastrado por un diletante lector.
Otra cosa es sancionar como infalible y único el mecanismo del copyright defendido por las entidades gestoras de derechos de autor, y otra cosa es establecer esos abismos diferenciales de jerarquías entre las diversas disciplinas que generan esos derechos, y otra cosa es que la Administración se vuelque en las subvenciones al cine y a la ópera y no lo haga con, por ejemplo, la poesía y los títeres. Si se subvenciona la cultura (lastre que pagaremos muy caro a largo plazo), ha de subvencionarse toda, o, si no, comencemos a debatir si el cine y la ópera son cultura y la poesía y los títeres no.
Es más que posible conciliar la defensa de los derechos de autor con otras estrategias destinadas a los mismos fines y que no colisionan con el prejuicio del consumidor. Las licencias copyleft, por ejemplo, facilitan el reconocimiento del autor al propiciar una mayor distribución de sus obras sin que ello signifique ningún deterioro de sus derechos autorales. Una licencia copyleft sólo afectaría negativamente al cobro de algunos (no todos) derechos patrimoniales. Pero no debería perjudicar el trabajo contractual con editores, productoras audiovisuales o galerías de arte, con excepción de ciertas contradicciones que se están dando en producciones con soportes fácilmente reproducibles, como, por ejemplo las obras fotográficas, videográficas, etc., que se distribuyen en series limitadas para activar artificialmente su valor áurico como obras escasas y, lógicamente, multiplicar su valor económico. En este aspecto, el copyleft produciría un efecto corrector, trasladando el problema de la financiación hacia la producción y no tanto —como se hace actualmente— hacia la distribución de trabajos ya realizados que, en numerosas ocasiones y, paradójicamente, se hace con el apoyo de fondos públicos. Por lo tanto, el copyleft puede potenciar los canales tradicionales de remuneración de los autores y activar otros nuevos armonizables, sobre todo, con las herramientas digitales de las que hoy disponemos. Por otra parte, a la remuneración obtenida mediante autofinanciación y subvenciones, becas o mecenazgos es evidente que la licencia copyleft no les afecta en absoluto, al igual que ocurre con el copyright. Una difusión del trabajo, de manera libre, sin restricciones a la copia y la circulación, para uso comercial o no, es el mejor medio para promocionarse y darse a conocer y, en consecuencia, para recibir encargos, invitaciones a conferencias, cursos, propiciar contratos, etc. Por último, pensar que es factible vivir del trabajo mediante la redacción contractual con los distintos promotores comerciales y los derechos de remuneración (situación que alcanza sólo a unos pocos), resulta una pretensión potenciada por algunos sectores de la cultura y alguna entidad de gestión (la más proclive a la jerarquía) que difícilmente se verá realizada.
Ello no obsta para que, hoy todavía, se siga declarando desde ciertas posiciones que el copyleft es sinónimo de abolición de los derechos de autor e incluso de la misma noción de autoría. Se trata de afirmaciones que no se sostienen, realizadas desde el desconocimiento o la intoxicación deliberada. Copyleft defiende un modelo en el que el autor debe vivir de su trabajo, pero es indiscutible que ese trabajo ha evolucionado, ha cambiado, y no puede continuar adherido a anacrónicas iconografías. Soslayar la existencia de ese cambio es cerrar los ojos a la evidencia y dilatar lo inevitable mientras se continúa insistiendo en mantener el diseño de un mercado que a duras penas sobrevive dependiente casi en exclusiva de la financiación pública de, como he dicho, no todas las disciplinas.

10.1.08

IV Encuentro Peralejense de Pintura y Poesía

Queridos amigos:
Los próximos días 10 y 11 de mayo de 2008 (aviso con tiempo y lo recordaré), se celebrará, si todo marcha bien, el IV Encuentro Peralejense de Pintura y Poesía. No se trata de un encuentro congresual al uso, sino que propone la asistencia de amigos, conocidos y coincidentes con la intención de afianzar la amistad, de conocernos y de reconocernos. Que esos días constituyan un pretexto mínimo para, cuando menos, vernos esa vez cada año y poder, al mismo tiempo, intercambiar impresiones acerca de asuntos estéticos y formales que afectan a aquellas dos disciplinas tan íntimamente unidas; hacerlo, además, imbuidos de un paisaje excepcional (ver enlace peralejos-de-las-truchas en la columna izquierda). El epígrafe titular no excluye a nadie, desde luego; de manera que toda persona interesada en estos asuntos puede participar libremente desde la perspectiva que más le interese: como debatiente o como oyente. De hecho, el Encuentro, aunque propone un tema de debate, se rige por un sistema -cabe decir- asambleario, en el que cada uno participa aleatoriamente.
Para haceros una idea, en los tres Encuentros precedentes, han intervenido poetas y pintores, claro, pero también se ha contado con la presencia de médicos, psiquiatras, editores, libreros, científicos experimentales, fotógrafos, dramaturgos, cineastas, filólogos... y todos aquellos seducidos por la poesía o por la pintura como sujetos de su interés. En las tres ocasiones anteriores se ha discutido sobre el paisaje, el mito y el espacio, respectivamente. En la próxima edición hablaremos de "Pintura, poesía y nuevas tecnologías".

El único requisito que se estable es un gesto filantrópico: la aportación (en todo caso, facultativa, no obligatoria) de un libro de poesía o de un trabajo gráfico que se dona al Ayuntamiento de Peralejos de las Truchas, bajo cuya tutela se constituirán sendos fondos bibliográfico y artístico de acceso libre para sus habitantes y visitantes en las instalaciones que se habilitarán pertinentemente.
El coste por persona y día, en régimen de pensión completa, es de aproximadamente 38 €.
Así, pues, todo aquel interesado puede dirigirse a estas direcciones de correo:

manuelforega@ya.com
elmar@icb.csic.es

A los participantes en el III Encuentro os comunico que, en breve, estarán listas las Actillas.

9.1.08

Más sobre Holan

Los recuerdos de Holan me han traído otros sobre él, y, entre ellos -como le he dicho a Pepe Montero en un comentario infra-, unos poemas de su etapa más beligerante y comprometida como los textos de Rudíj vojíik ("Soldados rojos"), escrito en 1947 o Jeskiné Slov ("La gruta de las palabras"), un conjunto de poemas escritos entre 1932 y 1940. No sé si seré capaz de traducirlos (dieciocho años sin tocar siquiera la lengua checa pueden notarse), pero tengo buena intención y buen ánimo. Si por fin lo hago y, sobre todo, si son presentables, los colgaré primero aquí. Aviso.

7.1.08

Vladimír Holan: Cesta na Kampu. Un recuerdo de hace unos años (Copyleft Creative Commons)

M. MARTÍNEZ FOREGA

En 1980 muere Vladimír Holan. Había nacido en 1905, como mi padre; y murió el mismo año que mi padre. Ambos habrían celebrado su centenario en 2005. Pero lo de mi padre (que fue poeta tardío, y escribió en versos romances la historia de los más de mil apodos que él recordaba de su pueblo -y el mío-: Molina de Aragón) es pura anécdota. Porque mi padre se pasó la vida trabajando y en la calle. Vladimír Holan, en cambio, decidió que sus últimos treintaiún años de vida los pasaría sin salir de casa y escribiendo (“Me recluí en la soledad, clausura que concedía, ciertamente, una gran austeridad de espíritu a mi vida. Se interpretó como un gesto de soberbia. Pero no es verdad, se me entendía mal. La soledad es para mí una condición de la escritura”). Se exilió sin abandonar a su pueblo y –lo que es más importante para la literatura del siglo XX- sin abandonarse. Murió, apopléjico, el 31 de marzo; mi padre, el 31 de mayo, pidiendo papel y lápiz para escribir –y escribió- lo que resultó ser algo ininteligible. Mi padre (Telesforo –“el que habla de lejos”- Martínez) y Vladimír Holan se parecían mucho físicamente: un escalofrío me recorrió todo el cuerpo cuando vi el primer retrato de Holan. Yo había ido a Praga en 1983 (este año, Angelo Maria Ripellino publicaba “Il genio della poesia”, un magistral estudio a su traducción de la holaniana Noc s Ofélií -Una notte con Ofelia-) a estudiar checo en la Universidad Karolina y me pasé el verano pescando unas carpas gigantes en el Vltava navegando en las barquitas de los pescadores praguenses. Regresé, con más interés por el aprendizaje, en 1984, y volví en 1985 (ya había yo bautizado la colección de poesía de Prensas Universitarias de Zaragoza con el nombre de “La Gruta de las Palabras”, traducción literal de un título de Holan: Jeskynĕ Slov). En 1985 conocí personalmente a Clara Janés (compartimos azarosamente mesa y mantel en el Kolej Kajetánka durante una semana), y hablamos, conversamos mucho sobre la poesía checa; sobre Holan y Seifert, y Halas, y Nezval, y Orten. Aquella generación poética fue trascendental en la poesía europea del siglo XX: el Nobel concedido a Jaroslav Seifert reconoció el valor literario de aquel extraordinario grupo de escritores. Cuando Clara Janés me invitó a acompañarla a casa de Seifert, enmudecí; pero quiso la fatalidad que, la víspera de la visita, Seifert sufriera un ataque cardíaco del que ya no se recuperaría. Clara abandonó Praga casi inmediatamente después, no sin antes haberme relatado amenísimas anécdotas de su relación con esa ciudad, con Holan, con la poesía checa... Lo recuerdo: fue un paseo grato desde el barrio de Březnov camino a Kampa, descendiendo por Nerudová, hasta Malá Strana y Karlův Most; aquí, junto a la margen izquierda del Vltava, había un restaurante al que Clara solía ir, pero lo encontramos cerrado. Un poquito más adelante, y a la derecha, una escalinata da acceso a la isla de Kampa. Como Sicilia para Leonardo Sciascia, Kampa es la gran metáfora de Clara Janés: un lugar, un espacio habitado y defendido por la poesía del que no ha desaparecido el ser que lo habitaba. Es morada, estancia, noche, isla y mar en un país sin costas. Y es regreso, música e inabolible paisaje. Se encuentra Kampa más allá de una conclusión vital, más allá de su propio espacio vivido; es el metalugar, un jardín no cerrado, levitación verbal, memoria y alcancía de cada una de sus edades adultas... Allí, junto a una de esas replicantes tallas de piedra pómez negra de Braun, en el Puente Carlos, me mostró Clara una fotografía de Vladimír Holan. Yo debía ver unos días más tarde a Josef Kostohryz, poeta del grupo “cristiano” coetáneo de la generación de Vladimír, y lo vi, en su casa del barrio obrero de Kosmonautů, una tarde entera llena de café turco y cigarrillos "Druzba" y con la discretísima presencia de su mujer Marie Kostohryzová, que se limitaba a servirnos de cuando cuando el café (en mayo de 1987, moriría Josef, y le escribí una nota necrológica en el Heraldo). Juntos lloramos, lo confieso sin rubor, en el momento de la despedida: “Na Schledanou, Na Schledanou”, repetía Josef desde la puerta de su apartamento, desde el rellano de la escalera, desde la ventana de su brevísimo salón. En 1990 Pavel Štěpánek y yo tradujimos sus Mohyly (= Túmulos) en Zaragoza, que aparecería ese mismo año.
Volví, volví una y otra vez a Praga, en el 86, en el 87. En 1989, la Academia de Ciencias Checoslovaca me invitó a una estancia de mes y medio para (entre otras cosas) charlar con algunos poetas checos y entrevistarme con algunas personalidades que, muy poco tiempo después, desaparecerían del elenco nominal del nouveau régime de Havel. Entre ellos, visité a Vladimír Justl, el amigo de Holan, la única persona ajena a la familia que tenía franca la entrada en la casa de Kampa. Justl me confió algunos aspectos de la estética, de la ética y de la personalidad literaria holanianas, en las que era un experto (Bagately I y II). Conversamos en un saloncito de la editorial Odeon –donde, a la sazón, Justl trabajaba- acompañados de Jan Hloušek. Pero no sólo me habló de Holan. Justl entreveraba su conversación con alusiones continuas a Clara Janés: ancho campo para mi curiosidad y para la de Justl, pues supe entonces (Clara no me lo había dicho) que había visitado a Holan en su casa de Kampa, en 1975, y que repitió visitas, y que él estuvo presente... Justl me habló del mallarmeanismo de Holan en sus comienzos, de sus paseos por el realismo, por el comprometido naturalismo social, de su afición a Góngora, de su culminación en un simbolismo tan personal, rico y característico que la poesía checa ya no fue la misma desde entonces. La sombra de Holan sobrevolaba toda la poesía de sus coetáneos y consecuentes; su obra era, pues, causa de la epigonía poética checa tras la muerte del maestro. Me apresuré a traducir siete poemas, acompañados de una presentación, para la revista Turia (número 12, octubre 1989), y en ese volumen (página 118) conservo desde el 89 una hoja de castaño de Indias que recogí en Kampa, junto a la casa de Holan, en 1985. La Academia de Ciencias volvió a invitarme durante un mes en 1990 para exponer algunas opiniones críticas sobre la poesía española última de entonces y la generación del 27. Con la “Revolución de Terciopelo” concluida, Holan había adquirido ya la relevancia pública (que no privada) que se le había sustraído en las décadas inmediatamente anteriores. Todo había cambiado. En la residencia que me dispuso la Academia (Hotel Davidková) conté con las visitas de Ivan Wernisch, de Igor Hellberg, del jovencísimo Lubor Kásal, de los redactores de la revista literaria Iniczály y de los nuevos redactores culturales del diario Rudé Pravo. Se trataba de la nueva guardia. Ya no pude ver ni a Blanka Starková ni a Jan Hloušek en la redacción de Radio Praga. Pero sí; era inevitable encontrar paralelismos entre la Generación del 27 española y la coetánea checa, de la que Holan merecía mención aparte. Hedvika Vydrová me condujo a la Universidad Karolina (donde yo había ido los años anteriores -sin conseguirlo- a aprender checo con Oldrich Tichý y Emil Vejvoda), a su cátedra, y allí pude también hablar de la penetración de Holan en la bibliografía española.
El mundo poético de Holan lo había descubierto Clara para los lectores españoles; hablé de ello con Justl (que quería saber más), y nos remitió –decía yo- a su dominio de la noche, a sus enigmas y fantasmagorías, a sus obsesivas preguntas cuyas respuestas son a la vez posibles e imposibles. Al mantener esa tensión, Clara Janés meritó la obra del checo, pero enriqueció la suya y dio la dimensión auténtica a su excelente sensibilidad y sabiduría como traductora.
Clara tuvo razón. A su gusto y perseverancia debemos el conocimiento de la obra de un poeta como la copa de un pino, y, por no importunar con las citas de su repertorio bibliográfico, dejadme decir que su exquisitez exegética fue fiel, oportuna y afortunadamente correspondida con una exposición en la Universidad de Oviedo (11 octubre a 20 diciembre 2005, a la que siguió la de Alcalá de Henares en enero-marzo de 2006), que recogió su justo fervor y, además, preparó una publicación cuidadísima y hermosa para celebrar el centenario de Holan: Camino a Kampa recoge muy buena parte de la apasionada relación literaria de Clara Janés y Vladimír Holan; un tránsito vital, humano, poético... acompañado de la documentación notarial de esa relación que, jalonada por cuatro visitas y un apunte sobre la muerte del poeta en 1980, continúa hoy, pervive entusiásticamente en el corazón de la poeta y en su obra personal. Se juzgaría sólo cortés un comentario de estas características, así que quiero advertir de la franqueza que encierra la sugerencia de leer ese libro-catálogo (Clara Janés-Vladimír Holan, Camino a Kampa, Oviedo, Universidad de Oviedo, Vicerrectorado de Extensión Universitaria, 2005) y hacerse con el DC que lo acompaña: la voz a capella de Clara entonando "Kampa II" a partir de su manuscrito, aliteraciones en ‘m’, ‘r’, ‘v’, ‘l’, ‘s’... que cantan y hablan del amor, del mar, de la muerte, del arrebato, de vuelos y sueños, de sensualismo y luz en una suerte de síntesis exponencial de esos treinta y tantos años de correspondencia en todos sus sentidos, como así consta, pertinentemente, en el epígrafe autoral: “Clara Janés-Vladimír Holan”.
A la vida y a la obra del poeta estuvo dedicada (hasta finales de octubre de 2005) la exposición del palacio Hvezda en Praga, con el título de una de sus antologías: Guardia nocturna del corazón. En el Instituto Cervantes de Praga pudo visitarse la de Clara Janés, entre el 10 de abril y el 31 de mayo de 2006. No sé por dónde anda ahora (si es que anda) esa muestra, pero ojalá pudiéramos verla un día también en Zaragoza. Si no, podéis, entre tanto, leeros las riquísimas 100 páginas de Clara (La voz de Ofelia, Madrid, Siruela, 2005), en las que relata muchas, muchísimas cosas de las que aquí he citado.

Algunas "Bombas..." (Copyleft Creative Commons)


1. No se vive la vida, sino la muerte.

2. Omnia mors poscit. Lex est, non poena, perire.

3. ¿Eres tú, ciega mujer investida
de autoridad para matarme?

4. ¡Sobremorir!

5. Memoría

6. En coma:

muerto de sueño.

Variante:

Vivir soñando.

7. La muerte me tiene sorbido el sexo.

8. Sé pulcro: Aséate para el rito de conclusión.

9. Amour...mour...ir

Amor... mor...morir.

10. ¿Morir? Disolvivirse.

Algunos "Labios"



ORIENTACIÓN

Navegar por tu boca.
Sólo con tu astrolabio.

MEDITERRÁNEO

Por dos rúbeas olas, ese mar cerrado.

HIPERSINESTESIA

Ver con tus labios:
¡Qué táctil aroma!

ARES Y AFRODITA

Si Venus en tus labios vive,
deja a Marte habitar tus ojos.

1.1.08

Claro interior, de Ángel Guinda, y la intergeneracionalidad

Aunque Octavio dará cuenta precisa del acontecimiento, no quiero dejar pasar aquí la noticia de la presentación en cierto modo privada de Claro interior, el último libro de Ángel Guinda, gracias al sacerdocio de Octavio Gómez Milián, que reunió en el "Mar de Dios" al propio Ángel y a unos cuantos amigos. En la neo Cavern de Tenor Fleta, 8, de Zaragoza, se leyeron textos de Guinda de ese libro, pero también de otros títulos; poemas que a cada uno nos tocó la fibra en algún momento y de cuya vibración quisimos dejar constancia personal. Pero dejadme deciros que, si esa lectura ya fue importante, lo que me pareció a mí sobre todo destacable fue el hecho de con-certar el gusto y la admiración de tres generaciones vivas de poetas en un acto en el que pudo apreciarse que, en efecto, la conexión sin garrampas, la convivencia sin aspavientos y sin críticas puñaladas traperas es lo que dio auténtico valor a la reunión. Ésta es la clave hoy de la poesía aragonesa de los últimos años: que todos nos sintiéramos enchufados a la misma regleta en conectores distintos. Bravo por Octavio; bravo por Ángel, bravos por Ortiz Albero, Vilas, Serrano, Jiménez, Tajahuerce, Ruiz Fleta, Romeo, Castro... y bravo por los que las anginas y el fiebrón supusieron obstáculos insalvables: Gracia, Saldaña, Trinidad... Otros amigos estuvieron escuchando (como lo hiceron en su día Ralf y Florian en el "Cavern" hamburgués): Sarría, Barreiro, López, Sáenz, Reyes, Irene...