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8.6.08

Otra Noche de Juglares: 12.06.08

Y, el jueves 12 de junio, a las 22 horas, otra Noche juglaresca.
Escucharemos los poemas de Rolando Mix Toro, poeta chileno afincado desde hace años en Zaragoza. Bailaremos con Essaouira las danzas orientales y Carlos Malicia, acompañado por Franco Deterioro, seguro que nos arrancaran sonrisas y carcajadas con sus parodias y sátiras musicales.
Nos lo pasaremos de puta madre en el parque Delicias (la mejor entrada, por la prolongación de Duquesa Villahermosa).

6.6.08

Noches de Juglares. El Silbo Vulnerado

¿Cuántas veces lo he dicho? Pues ahora que tengo un blog lo diré aquí una vez más: las Noches de Juglares que El Silbo Vulnerado lleva organizando desde hace ya trece primaveras en el parque Delicias es de lo mejor que puede verse en Zaragoza a lo largo de todo el año. Estupendos espectáculos de música, poesía y teatro de cámara de armoniosa mezcla en cada una de las sesiones. Un público entusiasta acude cada uno de los cuatro jueves de que consta el ciclo primaveral. Y, hoy, otra vez nos hemos emocionado, en esta ocasión con los textos irónicos, reivindicativos y beligerantes de Mario Benedetti en interpretación magistral de Santiago Meléndez y Pilar Molinero. Lo repetiré otra vez, y en cursivas: interpretación magistral. Porque el “Padre Nuestro” de Benedetti ha sido en la voz poderosa y en la fuerza dramática de Meléndez un regalo absolutamente inhabitual; un dije ebúrneo que poder prendernos a la memoria del corazón, una luz reveladora, una epifanía teatral para creer sin dudarlo que en esta ciudad hay ACTORES como la copa del pino que se cernía sobre el escenario del parque y que, además, no se han ido, que siguen aquí y nos conceden el privilegio de ser vistos y escuchados. A su vera, Pilar Molinero dignificó (uso el verbo con todo su peso específico) la ironía sin aspavientos, la que cala en la corteza cerebral como una fuente de agua tibia reconfortando el grado de acidez que envuelve a esta sociedad cada vez más torpe, más resignada, capituladora, yerta, cadavérica, sin voz y sin argumentos críticos; analfabeta, en fin, como toda ingenua felicidad adulta. La “Secretaria ideal” de Benedetti lo fue gracias, desde luego, a Pilar Molinero: ¡magnífica!
El Luis Felipe, impelido por las circunstancias (Ariel Prat retrasaba inopinadamente su salida al escenario), tuvo que improvisar y se largó sin quererlo un entremés que bien pudo confeccionar un autor mezcla de Lope de Rueda y de Ionesco (todavía estoy riéndome –y espero, Luis Felipe, que las moscas sigan calentitas en las lámparas enmascaradas del parque-). Porque apareció por fin Ariel Prat y su grupo dándonos la murga porteña, el tango negro y la milonga, con bombos (S. Rosanno), cajones (M. Bruhn), bandoneones (P. Nemirovsky) y guitarras (H. Filippini). Un pase muy rítmico que nos quitó el frío y nos trajo a Buenos Aires hasta el cierzo, en colectivo, y con leyendas de Palermo, de Corrientes y de Bocca. Le deseo lo mejor a Ariel, que ha editado nuevo disco y que va girando. Lo esperan en Argentina, a donde va muy pronto.

6.4.08

Poesía para perdidos. Segunda entrega: 05.04.2008

M. Martínez Forega

Llego de “La Campana” con el ánimo exaltado. Fernando Sarría (que hizo un huequecico para su magnífico poema recordando al padre: la imagen de la pipa como nexo vital me emocionó hondamente) ha hecho un buen trabajo y nos ha puesto a todos los pezones largos; nos ha introducido en el templo donde los cangrejos de mar deambulaban a sus anchas por los pubis de las muchachas y nuestras comisuras parecían cataratas. No me extraña que Luisa Miñana hiciese una pausa con dos puntos bien medidos en su poema para avisar: restez un peu plus. Con todo lo satisfactoriamente instintivo que resulta, “no todo va a ser follar”, aunque Magdalena, cuando se izó a la tarima, siguió navegando por esos procelosos paisajes marinos y, pasando de Calypso, en un escorzo diacrónico arrojó a Odisseos al salón de Salomé y salvó la cabeza del Bautista por arte de Circe con un canto al amor carnal que me puso los pies en la cabeza. Antes, Jesús Jiménez se largó un poema de contenido y forma esplendorosos sobre el que la existencia (en toda la extensión de la palabra) nada puede contestar, así de concluyente resultaron para mí sus dudas sobre el mar, sobre el cielo y su certeza sobre el catafalco. Y Carmen Ruiz se merendó, porque puede, a Nueva York entera, ya harta –imagino- de tanto hastiado icono. Algún día debería leer ese poema en The Club.
¿Por qué no llenar un día el escenario a carcajada limpia?; sólo eso: carcajadas. Me lo propuso Ángel Gracia, con quien, naturalmente, me reí muy a gusto a lo Georges Bataille (Georges Bataille, “demasiado para el cuerpo”).
Luis Felipe, durante el off, silbó a lo grande y no vulneró el aire con sus versos de poetas aragoneses. Propuso que adivináramos su pertenencia y aprovechó para homenajear a José Luis Alegre, que lo merece sobradamente. He de decir que, con alguna dudilla, se adivinaron todos: Guinda, Gastón y Alegre.
Y, de colofón (que no de colofín), conversé con Miguel Ángel Ortiz para coincidir en varias cosas: que estos ciclos deberían institucionalizarse socialmente, que se hicieran cada año durante años, vamos. Advertimos el buen rollo de la poesía aragonesa y de cómo la amistad reina sobre cualquier otra actitud en torno a cuantos forman parte de este movidón (creo que sí, que ya es un movidón) y que ese carácter amistoso resulta ser una de las claves de que todo esté funcionando como (no sé si decir coño) jamás lo había hecho, porque todos nos alegramos espontánea y sinceramente de lo bien que le van las cosas a los demás, no nos damos puñaladas, admiramos con distancia y sin ella a padres y abuelos, vivimos con cortesía y buenas dosis de gentileza en una coetaneidad que reúne a varias generaciones poéticas sin que ello suponga ningún conflicto, al menos reseñable; que hemos dejado mucha de nuestra megalomanía en los cajones (acaso cojones). Varias señales: el programa “Los chicos están bien” de Vilas (luego libro en Olifante); el monográfico de Criaturas saturnianas; la muestra 20 poetas aragoneses expuestos (también en Olifante) y este mismo ciclo de “La Campana de los Perdidos”. Me los citó Miguel Ángel como estimables y acertadas referencias. Que todo siga siendo la mejor prueba de lo dicho. Y gracias a todos cuantos lo hacen posible (en estos casos no se suele citar a nadie por si las involuntarias omisiones).