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11.10.08

La Banda l'Ambar


He ido a la "Carpa del Ternasco" (dicho así, sin añadirle nada más, es un nombre cojonudo; tiene gancho y recóndito misterio combinatorio). Con un catarrazo del quince y la fiebre rizando mis poquicos cabellos, me he ido a esa Carpa a escuchar a La Banda l'Ambar. No me la podía perder porque ya me he perdido y me pierdo muchas audiciones en Zaragoza de grupos que pegan como Tyson y se mueven como Clay. Rafa, Álvaro, Raúl, Sam, David... me dieron más fiebre aún, síntoma excelente para el mal paciente y el buen enfermo que soy y me largaron un par de blues que me pusieron el algodón en las sienes y un Frenadol en la garganta. I liked also his Rock'n Roll and Swing and Boogy-Boogy. ¡Gracias, amigos! Me tomo tranquilo el romero con limón a vuestra salud. Me habéis dejado como nuevo.

El grafiti de la derecha es obra de Nohell

1.5.08

Al este del Moncayo




























Menos mal que al este del Moncayo, aunque falte el agua, hay algo más que desierto para correr. Lo vimos anoche en el jardincico (ese espacio encantador análogo al de las verbenas de las fiestas del pueblo) de Bodegas Almau de Zaragoza. Pero sonó, sonó y soñó ese tema de aquel mini-LP heroico de 1987 como pórtico del homenaje a la banda de Mauricio Aznar. Sopeña, Cuti, Jorge... se largaron un potente truck a empujones. Vi a Gabriel muy comprometido (como en él es habitual) en el escenario; sus gestos lo decían todo. Tampoco esto es América, aunque no se sabe aún si lo será y la gran metáfora toponímica y etimológica que sí existe al este del Moncayo (Mauricio no lo pudo imaginar siquiera) se vaya a tomar por culo gracias a la meliflua socialdemocracia y a la hortera burguesía rural de esta tierra demne.
Pero, en fin, que no haya nubarrones ni pedregadas que nos jodan la fiesta. Había mucha gente y me encontré con algunos amigos allí, en el jardincico. Reconocí (él no) a Carlos Marín, que no recordará que una de sus primeras interpretaciones profesionales fue con dos obras de Molière que (permitidme decirlo) traduje para el NTA de Francisco Ortega. También apareció Octavio, el que se acuesta con Jane Birkin; me encontré con Sam Tejero, baterista de Bomba Gum y de Los Twangs; a Víctor, impresor cuidadoso. No faltó Melisa Borobia, que anduvo armando jaleo en aquél corto (Mirindas asesinas) de Álex de la Iglesia, y José Antonio, el del fallido Satanás, que llevaba años en Bilbao. Y muchos otros con muy buen rollo y que hacían bucles entre la multitud y en el tapón de calle Estébanes. Todo era bienestar y bien estar porque éramos sin parecer nada. Sólo escuchando cómo se desgranaban letras y música y bebiendo al compás. Yo también quiero beber Más con la chica más guapa de la ciudad y Cía.