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22.9.10

Poetas menores de 30 años (y unos cuantos más)




La Asociación Aragonesa de Escritores ha organizado, con el patrocinio del Patronato de Educación y Bibliotecas del Ayuntamiento de Zaragoza, tres ciclos estivales de poesía que han contado con la presencia de poetas aragoneses consagrados ("Varia poesía". Julio. Bóveda del Albergue); lugares emblemáticos de Zaragoza (Pza. San Felipe, Teatro Romano, La Aljafería, Pza. San Bruno, Pza. de Santa Cruz, Pza. del Pilar) han cedido su entorno arquitectónico a los textos de poetas clásicos, andalusíes, renacentistas, barrocos, románticos y contempóraneos revividos en la voz y el gesto de Luis Felipe Alegre ("Poesía y atardecer". Julio, agosto y septiembre) y, desde el día 17 de septiembre y hasta el 1 el octubre, el trabajo de los más jóvenes poetas aragoneses puede escucharse en el "Divino Amore" (pza. del Carmen, 9).
La AAE y el Ayuntamiento de Zaragoza quieren seguir haciendo del verano un período literariamente activo, y que cada año las calles y algunos locales zaragozanos constituyan por fin lugares de referencia para la poesía y para los poetas. Aragón debe aprovechar el magnífico momento que vive su poesía para fijar finalmente este género entre los más seductores de su literatura. Sólo con programas estables y con perseverancia puede esto llevarse a cabo.


Plaza de Santa Cruz (3 septiembre 2010)

 La Aljafería (16 de julio 2010)

Teatro Romano (9 de julio 2010)

13.6.08

Noche de Juglares III

Otra buena noche en el parque Delicias de Zaragoza. Noche agradable, además, sobre la que se irguió la figura americana de Rolando Mix, excelente lector de textos, sin afectación ninguna. Rolando Mix hubo de exiliarse de su Chile, tierra sangrada a tiro limpio de dictaduras. Rolando, con su palabra desnuda frente al creciente cuarto lunar que lo coronaba, vació su tarro esencial con voz de melódica lectura, haciendo sonar el hermoso léxico de aquellas latitudes: la vicuña y la chusca, lo andino y lo desértico, y también recordó a los amigos asesinados, "una mancha de sangre cada uno de sus nombres". Y los recordó para no olvidar. La alta figura de Rolando nos envolvió entre sus brazos elegantes, nos atizó y nos acarició. ¡Bravo por Rolando!
Como se esperaba, Carlos Malicia dignificó la sátira con sus letras inteligentes y excelentemente construidas porque contienen no sólo la pura ironía del bosquejo textual, sino —y sobre todo— porque encierran toda la verdad esperpéntica, valleinclanesca, imprescindible en este estilo en exceso marginado. ¿Será porque actúa de revelador crítico y nadie, en principio, está a salvo de la parodia? Es cierto: en cada tipo reconocemos algo o a alguien, y eso asusta. Lo acompañaba Ernesto Cossío, con sus punteos ágiles, con sus ecos bluseros. Y, en fin, que me parece realmente difícil armonizar la música con esas letras tan narrativas; Carlos Malicia lo hace, sin embargo, estupendamente: fácil, ameno y elegante.
Luis Felipe leyó uno de los artículos con que Juan Bolea colabora asiduamente en El Periódico de Aragón, y lo leyó para denunciar lo que ese artículo explícitamente decía y lo que entre líneas se omitía. Juan Bolea lanza más de una puya contra determinados representantes de la cultura aragonesa sin citarlos; Juan Bolea quiere pasar la página de una hipotética anacronía intelectual aragonesa; Juan Bolea manifiesta su animadversión hacia aquellos que, según él, fingían estar en la vanguardia social reivindicativa, y, entre otras lindezas epitéticas, los llama casposos, y todos son de izquierdas. Juan, querido amigo: creo sinceramente que te has pasado. Como buena esposa adúltera, la que finge en realidad es la literatura; pero las personas, si fingen en asuntos tan delicados, en seguida se les nota la cojera y, entre la izquierda aragonesa, apenas he visto yo patapalos, pese a que abunden en la literatura aragonesa los piratas.
(En la fotografía: el escritor Juan Bolea).

3.6.08

El poeta Rosendo Tello recuerda

Rosendo Tello se confesó ayer, en la presentación de la primera parte de sus Memorias, adepto a los poetas jóvenes que ha conocido aquí, en la ciudad que habita para nuestra fortuna. Dijo que aprende de ellos, y que escriben poemas estupendos. No basta con ponderar estas palabras de Rosendo (que suscribo). Lo que hay que decir de Ronsendo Tello es que, diciendo lo que dice, agranda más su figura de sabio indemne, y nos da muestra mayúscula de que la modestia sigue siendo el síntoma más revelador de la inteligencia. La que nos falta a muchos que nos envanecemos por nada y a la nada tiramos un esfuerzo que se encuentra en el fondo humano, esencialmente humano, mostrado ayer —pero lo hace siempre— por el poeta mítico de Consagración al alba, de Meditaciones a medianoche y de tantos libros que nos enseñan el camino de la vocación y de la convicción poéticas.
Doy las gracias a Rosendo porque la sencillez de sus palabras ha dilatado, más si cabe, mi cariño y porque sé que ha sacado los colores a muchos papanatas y a más narcisos.
Luis Felipe Alegre leyó magistralmente (¡cómo me gusta Luis Felipe!) un fragmento de esas esplendidas Memorias editadas por Prames, y José Luis Melero (¡y cómo me gusta José Luis!) certificó de nuevo su hondura intelectual y su maestría en estas lides.
Gracias a los tres: porque me reí mucho y aprendí mucho.
(La fotografía es de Pepe Verón).