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28.2.10

Poesía para Perdidos. 27 de febrero 2010: Xulio L. Valcárcel

Xulio L. Valcárcel

Xulio L. Valcárcel

Llegó Xulio; llegó Xulio L. Valcárcel; llegó el poeta, que es como decir que llegó el hombre. No existe distancia entre ambos: los dos son uno, es como son, con su memoria, con su honda percepción de una realidad pasada que es traída al presente para ser vivida con la misma intensidad que entonces. Xulio Valcárcel ve porque sabe mirar; ve lo que acontece y lo que le acontece y, en esos instantes breves en que los demás hacemos del tiempo un tránsito indiferente por las cosas, por los seres, él impregna su retina de imágenes y de personas y vuelca sobre ellas no sólo una empatía desaparecida del sentir general de una sociedad desapercibida, sino que la tamiza con la criba de su lirismo excelso, de su entraña tensa y dispuesta, en guardia siempre para acoger aquello que se desliza por los límites de la luz. En esa frontera difusa, Xulio es más poeta porque es más hombre, como ha sido más niño y como ha sido más hijo y es más amador. Si dice del amor, lo dicta en carne y hueso, y lo escribe con la pausa que el amor necesita cuando irradia en toda su intensidad. Xulio Valcárcel ilumina tantas cosas... En ese poema magnífico de la fuga final hacia la muerte levantó Xulio anoche un catafalco en medio del mar, sobre el horizonte, como testimonio de su hondura. Yace en él, en lo más hondo, una poesía singular, diferente, rica, que no renuncia jamás a redactar con la sintaxis de los sentidos, con la gramática del corazón.

Diana Varela


Diana Varela

Diana Varela

Diana Varela acompañó a Xulio Valcárcel en la traducción con esa dicción justa y armónica que los pabellones saben siempre gratificar; pero nos guardaba la sorpresa de sus versos. "O coi", poema de su libro Fíos, llegó del mar, de la orilla del mar, de las faenas de la orilla del mar. Un poema costumbrista con sabor a sal fina, yodada, empujado por una brisa atlántica que nos golpeó en pleno rostro para mejor respirar y observar a los belinques escapando bajo el vuelo de las gaviotas mientras escuchábamos el canto de las sirenas terrestres.
Y aún hubo más: la guitarra limpia de Jorge Berges secundado por José Manuel Garrido al "Cuatro venezolano" fusionando flamenco y acordes joropos, bolerillos y otras melodías clásicas que, en cierto modo, pusieron en solfa las gargantas pancheras de los oyentes.
Jorge Berges

José Manuel Garrido

23.2.10

Poesía para Perdidos: 27 de febrero 2010


Tercera entrega de 2010 del ciclo "Poesía para Perdidos" que organiza la Asociación Aragonesa de Escritores con el patrocinio del Gobierno de Aragón.
Con nosotros estará Xulio L. Valcárcel, Premio Nacional de Poesía para menores de 25 años, Premio Nacional de la Crítica en 1994 y en 2004.
Poeta del amor y del ensueño, Xulio L. Valcárcel escribe con la pausa de quien recuerda y de quien desciende con cuidado por el muro que envuelve la frágil enredadera de la memoria para enaltecerla.
La música correrá a cargo del guitarrista Jorge Berges.

24.1.10

Poesía para Perdidos: 23 de enero 2010

J. L. Saldaña



E. Cebrián

Noche estelar en La Campana de los Perdidos. La primera sesión de este año del ciclo Poesía para Perdidos que organiza la Asociación Aragonesa de Escritores continúa reuniendo a buena parte de la mejor poesía aragonesa, esta vez en torno a Juan Luis Saldaña y Enrique Cebrián. La noche dio para todo, se dilató como el hierro golpeado por el herrero, poco a poco, pero templadamente, fraguando su densidad con estilismo. Juan Luis Saldaña brilló como speaker y encerró en la ironía algunos dramas para la reflexión posterior, como Valle-Inclán. Usó el guiñol, pero no escondió la cachiporra. Brillante, plural, sarcástico, paródico y, sin embargo, un qué sé yo lindando en la gravedad llenó de tañidos nuestra atención (todavía en mis pabellones suenan sus espigas); tiñó de blanco y negro alguna memoria no extraviada aún, y nos educó.
Enrique Cebrián abrió de par en par los libros, dejó caer, como las gasas de Isis, sus poemas tejidos con cirros, con una veladura honda y sentimental, tangente al yo y secante al tú, a los otros, y dijo de otros y de sí mismo con elegancia muy poco común. Posee esa trascendencia lumínica, reveladora de lo que ha de decirse sin que los demás sepamos cómo.
Digo noche estelar porque, junto a los magníficos textos de ambos, desfiló un elenco de músicos definiendo un rasgo que caracteriza definitivamente a esta generación crítica, entusiasta, culta (ya era hora), divertida: la amistad por encima de las mareas, tácita y también expresa, como en esta noche singular: Ana Muñoz, Octavio Gómez Milián, Luis Cebrián, Pablo Malatesta, Ritchie Fandango, El Inspirado... volvieron sus ojos a ese espejo siempre limpio en los iris del amigo; volcaron las letras en el aire deleble, se conjuraron en un hechizo único y se trajeron consigo a Sergio Algora, Más Birras, Nubosidad Variable. Un todo con los demás en una caverna púrpura abarrotada y expectante, dispuesta, si fuese preciso, a su incineración.
Todo sucedió en Zaragoza, donde algunos francotiradores y francotiradoras voceras siguen mordiéndose sus pestilentes uñas y enloqueciendo porque no dan ni una.

Luis Cebrián, Pablo Malatesta y Ana Muñoz


Ritchie Fandango y Luis Cebrián

17.1.10

Poesía para Perdidos: 23 de enero 2010

El próximo encuentro en "La Campana de los Perdidos" (C/ Prudencio, 7) de Zaragoza, dentro del ciclo Poesía para Perdidos organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores, contará con la presencia de dos poetas secretos zaragozanos que pronto dejarán de serlo: Enrique Cebrián y Juan Luis Saldaña. Jóvenes, dinámicos, dinamizadores y enterados (que esta cosa se echa mucho de menos en algunos poetas principseculares). Es una muestra más de que el barril de la zaragozana marcha poética sigue efervesciendo y de que la AAE sigue teniendo buen ojo para aquilatar su ciclo.
Ambos estarán acompañados de buenos amigos músicos y no músicos, poetas y no poetas. Una fiesta que promete y cumplirá su promesa.
23 de enero de 2010
La Campana de los Perdidos
C/ Prudencio 7. ZARAGOZA
22:00 horas

8.11.09

Poesía para Perdidos: 7 de noviembre 2009

Jesús Soria Caro, Ignacio Escuín Borao y Cuidado con el Perro


La Asociación Aragonesa de Escritores ha dado cuenta de la tercera sesión del ciclo Poesía para Perdidos de este curso.


Jesús Soria transitó por la mimesis; su psique, adherida a la exégesis del argumento, se mimetizó con las ficciones fílmicas. Escogió películas referenciales que ahondan en diversos asuntos para él significativos, capaces de desencadenar su propio conflicto o de identificarse con su trasunto emocional. Desde El ángel azul y El séptimo sello hasta La rosa púrpura de El Cairo; The Doors, Casablanca, El hombre de Alcatraz, Desayuno con diamantes..., Jesús Soria fue intercambiando lides, ataviándose (o arropándose) con el corazón y los sentidos de quienes se desplazaban por la pantalla tratando, a su vez, de encontrar al espectador ideal, y fue éste Jesús Soria. Recorrió, pues, buena parte de su libro The End, título más que revelador del blanco y negro y del color de aquellas ficciones tomadas de una hipotética realidad que, por fin, resultan más reales acaso. Sin ninguna duda, resultaron más literarias y de ello se encargó el poeta Soria para dejar constancia de esa certeza tantas veces diluida en unas pupilas sin memoria.




Ignacio Escuín estuvo brillante. Su lectura rayó en el grato rapsodismo, lo cual le viene muy bien a la poesía; pero, además, eligió sus textos más próximos a un lirismo cercano, dejó a un lado la distancia, embocó de cerca, desde el punto de penalty, y empezó a meter goles por un tubo, más que «El buitre». Esos balonazos iban directos al corazón, pero sin engaños. El portero, simplemente, quedaba paralizado, haciendo una estatua imperativa porque no era el embaimiento del gesto, sino la simple mirada lo que le sobrecogía. Hubo un encendimiento en la grada, la apoteosis lanzada a la red, un fuego espontáneo, una combustión del ánimo, una rendición a la palabra buida, exacta, con toque, sin perífrasis inútiles (sin enfáticos regates que terminan en un insulso y decepcionante fuera de banda, quiero decir). Y allí, sobre un césped lucreciano, se tumbó el amor para afilar la lengua con metáforas que hacían de la guerra de las multitudes un combate singular. Pero también Escuín se quitó la camiseta para mostrar el pecho, el tatuaje del pecho, y rendir pleitesía a la memoria, al hálito censor tan necesario y señalar que era él, él, quien lo decía: Ignacio Ecuín, más elegante incluso que Carlos Lapetra.




Cuidado con el Perro: Omnia vincit verbum. Si, además, ponemos música a este latinajo certero, nos topamos de frente con Cave Canem, donde la sílaba nasal lanza de inmediato un eco de campana gruesa, de badajo lento y armonioso, rítmico, pendular que vierte en los pabellones un aire cálido y pautadamente modelado. Tiene este dúo un qué sé yo de moderno clasicismo, un arrojo culto fundado en sus escorzos verbales y en su sabiduría musical: piano, voz, piano, voz...; voz, piano, voz, piano... agudos y llanos (es decir, inteligentes y modestos, como las secuencias tetrasílabas y trisílabas de ese ritmo versicular). David Guillén y Rafa Sanemeterio disponen así de una afición cuya lealtad está fuera ya de toda duda, una afición esdrújula, tónica y, por lo tanto, acentuada en su gusto, agudizada en su oído y son-ética. Tienen un no sé qué de atracción, un busilis —diría Galdós— que arrebata y que solicita más dedos y gargantas, plus des doigts et des gorges —diría Marcel Duchamp—, pero no más de dos: la voix et le piano, como atestiguó Claude Debussy para sus Chansons. Esta noche, con actitud, Les Champs Élysées sonaron a francés lombardo quizá por aquello de que fue María de Medicis quien decidió poner árboles a un camino en medio de un campo, pero sonó a francés. El Perro ha paseado elegante y sincero por entre los troncos, marcando incuestionablemente su territorio, incluido el arco del triunfo.

25.10.09

Poesía para Perdidos: 24 de octubre 2009



Ricardo Díez

Enrique Villagrasa




EnriqueVillagrasa y Ricardo Díez. El presocrático Villagrasa y el lucreciano Díez han llenado esta noche de palabras la bóveda de La Campana. Irredento amador de la patria púber, del río de la infancia, Villagrasa ha traído debajo del brazo unas apotegmas (al decir de Juan Rufo) entreveradas de filosofía pura, de luminosas reminiscencias orientales y de sorpresas conceptuales que nos han advertido de su sabiduría y de su trasiego por los libros, por la línea del horizonte de un más allá infinito: ese horizonte que jamás deja de serlo, esa línea a la vez determinada e indeterminada, y al lado, muy juntos, otros poemas anclados a la vida, al discurrir de las cosas cotidianas, al embrujo de lo común resuelto en mensaje para todos, ecuménico. Bienhallado, Enrique.
Ricardo Díez ha vuelto a jugar con los matices tantas veces inadvertidos de la naturaleza y de lo natural. Para él, tal inadvertencia es incomprensible porque forma parte de su ser humano; tiene esa consustancialidad que otras tantas veces la inmensa mayoría no soportamos. Y, sin embargo, cuando la toca la palabra de Díez se nos hace de repente real, tangible, existente. Claro que Ricardo Díez da cuenta en seguida de que para él es inmanente lo que para nosotros sigue siendo una contingencia. Más hallazgo.
La música, esta vez, de Mrz. Crocodile, más maduras, pero siempre dulces, armónicas, elegantes; sobre todo, elegantes. Quisiera yo esa dulzura y ese recorrido diario por mis pabellones. Carla dio una lección pianística; Julia, sedosa y saxofónica; Juanma, el contrapunto discreto, la sombra imprescindible.

7.6.09

Poesía para Perdidos

La Asociación Aragonesa de Escritores ha cerrado hoy, día 6 de junio, el ciclo de primavera del programa Poesía para Perdidos que viene desarrollándose con el patrocinio del Gobierno de Aragón y con la colaboración de "La Campana de los Perdidos " (C/ Prudencio, 7) de Zaragoza.
El programa se reiniciará el día 3 de octubre y continuará con las mismas pautas durante los tres próximo años. Lo constatable de estas sesiones poéticas con pausas musicales en vivo es sin ninguna duda su excelente acogida y el destacable nivel literario de los poetas participantes, criterio, éste último, en el que se ha puesto el pertinente cuidado y que también se aplicará en el futuro. El programa está fundamentalmente destinado a acoger a poetas aragoneses y, en un porcentaje estimable, a poetas pertenecientes a la Asociación Aragonesa de Escritores sin embargo, sería absurdo (y literaria e intelectualmente inmoral) prescindir en estos ciclos de la presencia de escritores tremendamente seductores y que ni son aragoneses ni miembros de la AAE. Por eso hay que felicitar a la AAE por atestiguar que su objetivo está más allá del ombliguismo intelectual y del corporativismo literario.
Hasta octubre y poesis vivax.

24.5.09

Poesía para Perdidos: E. Quintanilla. Á.Sobreviela



Sencillez excelentemente ritmada; tino en la ironía, incluso en el humor franco. Y no sólo eso, sino drama abordado con una naturalidad pasmosa, relieve en la expresión, opulencia léxica sin desnaturalizar el mensaje; lírica rica que ha colocado en su sitio tantos asuntos vitales. Uno de ellos, el tiempo, proyectado en ese muro infinito que tanto les habría gustado a Octavio Paz y a Luis Cernuda, y no sólo a Paz, sino, desde una perspectiva más ociosa (pero no menos cierta y emotiva) a Einstein. Digo yo que si este decir que atesora en la forma uno de sus grandes valores (¡cuántos negados lo negarán!), que se ciñe sin apreturas a la exacta medida de los heptasílabos, decasílabos, endecasílabos... sin forzar ninguno; que ciñe, digo, la cintura de la modelo sin tacones, sin la sobreactuación ni el escándalo amanerados de las pasarelas, no será, digo otra vez, un aviso, un punto y aparte para tanto descreído. Una escolástica saludable y necesaria para quienes descienden a los abismos de la originalidad para encontrar sólo escombros y destrucción donde creyeron descubrir el fuego, la zarza en llamas de una nueva ley que no existe sino en el oficio que ha de ser dictado con sentido. Todo esto y más que no atañe a la brevedad imperativa nos acaba de dictar Emilio Quintanilla. Añádase una dicción en la lectura con maneras de rapsoda ahistriónico, atendiendo a la pausa justa de las cesuras y de la prosodia escrita para ser leída correctamente. La prosodia es a la lectura lo que el pentagrama a la música, que no se nos olvide. Un bravo por Emilio y por su presencia en Poesía para Perdidos.
Ángel Sobreviela definió bien qué es lo que incumbe a tanto prosaísmo enfangado en una urbanidad angosta, perdida y apiñada (como la columna de La guerra del fin del mundo) en los callejones aledaños a la palabra, fatigados y ciegos sus suscriptores sin dar con ella, pisoteándose, unos sobre otros con idéntica impostación y análoga ignorancia. Épica, épica otra vez, por favor; que nadie diga que ha desaparecido. Épica de la hermosura; rescatémosla de la ruina del tiempo, de su indigencia, traigamos las formas de su memoria y a la memoria sus formas, cabalguemos sobre las estepas zoomorfizando y antropomorfizando cuanto encontremos a nuestro paso; demos con el nervio intelectual, rescatemos la belleza de las garras de lo trivial y de lo vulgar. Que se citen los cultismos (¿qué daño pueden hacer los cultismos que no sea una raspadura en la moral morfológica del estólido?) Ese héroe modesto existe y se mira a sí mismo y nos dice que todos los tiempos pueden ser uno (para el poeta lo son, lo ha dicho Oscar Wilde y yo lo creo) y que es posible tener juntos en la mano el presente el pasado y el futuro y que eso nos puede producir pánico (lo ha dicho Thomas Stern Eliot: "En un puñado de polvo conocerás el miedo", y yo también lo creo). Me visto la loriga, luce la plata contra el hierro y empuño el bronce. El oro brilla lejos, inalcanzable: ¡cuántas calaveras en el camino de su consecución! Sobreviela nos lo ha advertido esta noche y ha hecho de necesario mediador.
Pausa y coda: Nadie y la revolución; Nadie y la iconografía prepostmodernista (otra de las cosas necesarias que conviene no olvidar); Nadie y la poesía de un mundo crítico y en crisis, como aconteció allá por mediados del XVII. Poco ha cambiado lo necesario desde entonces.

(La fotografía de E. Quintanilla está tomada de su blog; la de Á. Sobreviela, es de Forega)

29.3.09

Poesía para Perdidos: Mariano Castro y Alfredo Saldaña





























Las fotografías son de Ángel Sobreviela

Mis muy queridos hermanos Mariano y Alfredo, perfilados emotivamente por el estupendo croupier Miguel Ángel Yusta, estuvieron anoche en La Campana de los Perdidos (Rodo y Elena cuidan de estos sucesivos Heracles sabáticos como lo haría el mejor Anfitrión), llenando el local hasta los baños (que están arriba) durante una sesión más del ciclo Poesía para Perdidos que —puede decirse ya— se ha consolidado como uno de los programas literarios de mayor convocatoria de los que se hacen por aquí e incluso por allá. La Asociación Aragonesa de Escritores tiene mucho que decir en este asunto, pero más los poetas; sin ellos, casi nada es posible. Vivimos en un ambiente social con graves patologías recidivantes y una de las terapias mejores es escuchar a los poetas, como anoche escuchábamos todos, admirando en sagrado silencio, las redondeces perfectas de una seductora palabra contoneándose, atractiva, por entre las conciencias y la revelación de la vida y de la muerte, de la nada y del silencio, de los golpes certeros sobre nuestras dudas. Porque, cuando el poeta habla, todos adivinamos que sus palabras contienen muchas verdades, tantas certezas que desvelan nuestras inadvertencias presentes y mucho de aquel mensaje profético que nos avisa de lo por venir. Mariano Castro y Alfredo Saldaña hicieron anoche eso mismo, y lo expresaron con, además (por si fuera poco), con elevadas dosis de belleza, desnudos ante el ágora, con el ánimo sumido en la mirada que ve y anuda las semánticas a nuestra ánima.
El trío Nadie llenó el intervalo musical con parecido compromiso ético frente a una realidad disgustada y malhumorada, y lo dijo con sus letras y las de otros. Una noche inolvidable, como vienen siendo todas las noches de esos sábados concebidas para perdernos.

23.8.08

Leopoldo María Panero: Poesía y prosa







Después de haber cenado con Ortiz Albero, Miguel Serrano, Ángel Gracia, Teresa, Vicente Rubio, Brenda Ascoz, Jesús Jiménez, Raquel y Ángel Guinda y reavivado a Rothko y a Pollock, a Oldenburg y Katz, a Klein y Gorky, a Motherwell, a Tom Wolff...
Odio a Rothko, odio a Pollock, odio a Motherwell, odio a Achille Gorky, a Klein, y a Jack O'Hara, y a Greenberg. ¡Mecagüen la leche! Y me los han colado en la cena, sobre todo me los ha colado el Gracia. Un día de estos subiremos al ring él y yo, a ver qué dice entonces. Pero revivimos a dos Miguelángeles: al Longás y al Encuentra, y sus gratísimos recuerdos siempre divertidos, muy humanos gracias a Gracia. La mesa se llenó de anécdotas guindescas (estos paseos por la memoria prestan el significado auténtico a las sugerencias de Bergson: la vida como un álbum fotográfíco (instantáneas) de palabras, álbums que se intercambian y que nos devolveremos el próximo día) adornadas con algunos pasajes de Panero. Fue una cena, a la postre, paneroica.
Y el Panero más revelador, el iconoclasta, el tránsfuga de su generación, el Panero más escatológico, el fijador de los estremecimientos de la virtus, el libidinoso, el inimitable ejemplar, el modelo del amorfismo, el poliontólogo... Todo esto y más he visto y escuchado esta noche en La Campana de los Perdidos de Zaragoza en la voz y los gestos de El Silbo Vulnerado, en la voz y los gestos de Luis Felipe Alegre y Carmen Orte. Carmen ahondaba en las miradas con las cuerdas suavemente quebradas como olas en los placeres y un sonido enaltecido por la voracidad excelsa de sus ojos.
Lo decía Guinda —y tenía razón—: «Luis Felipe gana con los años». Gana en el escenario, gana en dramatización, gana en transmisión, el mejor conductor de la electricidad de las palabras; con gomina o despeinado, calmo o alterado y con cuatro chismes por toda tramoya, monta un espectáculo hondo, con plomada, buscando los fondos, encontrando al necesario receptor de un señuelo irresistible. Esta noche le brillaban los ojos con cada sintagma, en cada enunciado, en cada pauta que hacía del silencio su afirmación; embutido en negro (como alentaba firmemente Neruda), pausado en un espacio incómodo que Luis Felipe convertía en mayestático escenario, y tan cerca, tan cercano a nosotros, nos prendía del hilo irrompible de la voz. Por él, un Panero veraz, un demiurgo en carne izado, reconocible de inmediato en su encarnación dramática.

Las fotografías son de Forega (Brenda Ascoz, Á. Gracia + M. Serrano); César Sánchez Vázquez (Ortiz Albero); Nati Saura (Forega + Guinda).

15.6.08

Poesía para perdidos. Última entrega. 14.06.08

Que no acaben nunca. Estas noches de poesía para perdidos deberían continuar (y así espero que trabajemos todos para ello) como un ciclo permanente que ofrecer a la ciudadanía zaragozana y foránea cada primavera. Que se inscriba en los programas turísticos; que se cuelguen pancartas y avisos, que se tiren octavillas... Anúnciese.
Fue Brenda Ascoz la invitada de excepción, y a nosotros nos invitó a beber en un poema final que decía tanto del amor como de su pérdida, e incluso de la sensualidad que como poso deja la memoria de la ausencia: un anhelo redentor.
El gran Miguel Ángel, el Ortiz, apareció de súbito, se sentó en la banqueta y dijo del circo humano y de su excepción. ¿Qué tienen esos textos “raros” del Ortiz que se cuelan por entre los pliegues de los sesos haciendo culebrines? Espero decíroslo algún día.
Pero esta noche era de Miguel Serrano y de Nacho Tajahuerce, dos jovencísimos poetas que ya se vienen anunciando con conciencia y sin ciencia (de esa ciencia convencional: carecen de la ciencia que excava suelos y de la que ataca con piquetas tirándolo todo; es decir, de la que hace del hombre una basura), con su ironía un puntito amarga y con su amargura un puntito irónica; más de esto último. Pero amargura de la buena, nada de exacerbaciones, sino de recorrido existencial, empático; lo que Garaudy y Sartre nos indicaban hace años, pero que nunca se ha cumplido (que yo sepa) en el mensaje social ni político, ni ético, ni en ninguno, salvo –como hoy ha quedado demostrado- en el poético. Más lírico Serrano; más observador Tajahuerce, ambos tienen aún mucho que decir, mucho de lo que nos interesa a todos, porque se transparenta en los dos ese grado de penetración en la superficie con la piqueta -ahora sí- del dolor propio y el del otro, y golpeando con el martillo pilón -ahora también- de lo psicosocial: revelar el engaño de la euforia, denunciar el mensaje que se quedó a medio camino en los sesenta, pero que todavía permanece en las páginas para aproximarnos y revisarlo. Miguel Serrano lo dijo en dos ocasiones sobresalientes: con el escorzo del malentendido y bien entendido final sobre la certeza de la muerte (de arraigada concepción barroca y aun romántica) y con su invitación a la lectura usando como mediador el icono en cierto modo diletante del conector blog. Dos golpes maestros en la forma, en la concepción y en el contenido.
Nacho Tajahuerce lo expresó con sus “oficios”, verdaderos “tipos” con vida, a medio camino entre la denuncia social y la representatividad con fundamentos de universalidad. Y tenía un as escondido para hablarnos de la soledad en un libro con páginas en blanco cuya luz me dio de frente, cegándome. Y tiene otras cosas este Nacho, como ese pasar de puntillas sobre lo antropológico para dar de pronto con un certero golpe de honda en la sien del ser y acelerar los pulsos. Encuentro feliz el de esta noche. La poesía chuta (en los dos sentidos). Los poetas también. Nacho y Miguel han dado sobradas pruebas. Felicidades sincerísimas.

(De arriba a abajo: 1.Tajahuerce; 2. Ingrid Magriñá, Ortiz Albero y Ángel Gracia; 3. Miguel Serrano; 4. Miguel Serrano, Fernando Sarría, Manuel Vilas y Tajahuerce; y 5. Brenda Ascoz)

25.5.08

La Campana de los Perdidos: 24 mayo 2008

Gracias a todos.
Sólo con una buena amistad puede construirse algo que se encuentre, por fin, más allá de la pura (buena o mala) letra. La amistad perdurará siempre, siempre que nos pongamos como tarea intelectual (lo digo otra vez: intelectual) su constitución al margen de toda teoría. Lo humano nunca será lo divino por mucho que la mitología clásica haya querido aproximarlos. Para mí, el mito auténtico, pero que puede narrarse sin ficción, es la amistad, un valor que fue deteriorándose en el ámbito literario, pero que la Zaragoza actual -lo constato sin miedo a equivocarme- ha recuperado para su propia singularidad. La historia ha dado también buenos ejemplos en los que deberíamos fijarnos para hacer de ella, de la amistad, un valor asumible por encima de cualquier otra condición estética, por encima de cualquier otro valor formal. ¡Viva la amistad! Pero no la empleemos en su sentido vacuo, en el que con tanta gratuidad aparece en boca de los alejados, de los que se empeñan en jerarquizar su posición a base de relaciones coincidentes. La amistad es algo más que un gesto exculpatorio, algo más que el precepto gracianesco de la revelación del alma. Es no sólo esa revelación, sino su donación también. Es, por fin -y a mi juicio- lo más próximo al amor, pero lo más alejado de él. Una inclinación natural que, más que el lenguaje, estructura nuestro pensamiento y, en consecuencia, nuestra actitud hacia los demás. Es lo que nos diferencia de la oligarquía social, de la indiferencia de sus formas. Aquí, un amigo. Pero digámoslo con todo su peso existencial.

23.4.08

Poesía en la Campana de los Perdidos: 23.04.08. 00,01 AM

El Pontifex Maximus me dice: "Hágase la crónica"; y la hago (cualquiera discute al Pontifex). No como "Foreguita", sino como Forégano, porque no todo el monte lo es. Y como no todo el monte lo es, he de decir que hubo de todo (hasta un virgo que se fue a hacer hostias con dios en la campiña), y eso es lo bueno de estas fiestas de órdago en las que acudimos embebidos de textos y luego se nos rajan los papeles. Un ameno Cocodrile polimorfo (lo tocaban todo), animó la reunión con su música suave y delicada que introducían con lectura de textos alusivos a experiencias personales, como en una especie de exégesis argumental de cada uno de los temas. Música hábil y, sobre todo, elegante para despachar a los oídos en sus intervalos. Entre esa música dulce se colaban (o al revés) los versos más amorosos y sensuales del Pontifex Sarría y sus zarpazos, o los boleristas y tanguistas de Lasala, a los que aderezó con una visita al despacho del director para darle una sorpresa mayúscula (esa que quisiéramos todos que nos dieran). Subió también Vilas a la palestra para darnos ejemplo de crítica social y humana, tan indirecta que era directísima; tan tangente que fue secante y su baño en la Barceloneta no necesitó de toalla alguna. También se bañó la Vidaurreta en un sutil erotismo entre sales y placeres de arenas, en un urgente desliz recordatorio que anhelaba la piel del otro antes que su músculo, y la sal de Ortiz Albero caía hecha lágrimas sólidas en las pupilas de todos y nos restregábamos los ojos ante lo indecible. Porque hubo esta vez muchos mares y cielos reverberantes de luz, como en el Corinto de Luisa Miñana, y hasta un volcán siciliano que lava (ba) las palabra de Marta Navarro. ¿Y el Montero? ¡Coño, Pepe!: debes escribir más, regalarnos con tu ironía casi porno y hacer así del polvo una transmigración de la carne, que no del alma: levítanos otra vez, Pepe; descífranos lo cachondo y la suave penetración hasta el fondo de los significantes que significan con la inteligencia que lo hiciste anoche. Para conocer buena parte de la hondura ontológica de la mujer, hay que leer y escuchar a Ana Muñoz, quien volvió a sobrecogernos con sus putas brujas y sus prostitutas domésticas, y a echar sobre sus camas toda la basura que nadie recoge y por la que pasamos indiferentes como por sobre las cagadas de perro en las aceras. (¡Qué será del hombre sin aceras y sin pufs!) Cómo ha girado el Escuin hacia lo sublime sin abandonar la sátira sutil. Isabel, con su augusta lectura, nos erizó el vello pasando la lengua por la piel de los amantes. Y el Taja, rico opositor a filólogo, nos endilgó una breve tesis sobre gasolineras para meternos un chute de 98 OC que alivió nuestra sed de velocidad, pero que nos puso el motor suave, suave; y sonaba bien, muy bien con el inyector de sus palabas. Otra sentimentalidad es posible, claro que lo es, y esa nos la trajo Emilio Pedro Gómez, colofonista esta vez de la fiesta para decirnos quién es y qué hace. Quién es, lo sabemos muchos hace mucho; qué hace, sabemos que lo hace con excelencia. Y permitidme esta vez que mi fantasma se revele. Leí versos sobre labios, versos que quieren besar y no encuentran a quién: me he apuntado desde hace unos meses al decadentismo.
Bene vobis!

20.4.08

3ª entrega de "Poesía para perdidos" (Ortiz Albero)























































Y Parténope (creedlo) no fundó Nápoles, sino que trazó un arco dorado sobre el firmamento nimbado y brillante de la caverna de Nereo y ocupó el solio de Ortiz Albero. Gentil como ella sola, qué escorzo de Ingrid no fue eurítmico, qué otro no se enlazó al deleble argón dando al aire su forma, sus formas en recíproco dictado de un logos cuya fortaleza intelectual desbordó los perfiles previamente señalados por una imaginación torpe como la de no importa qué espectador de esa noche. Ese peso lo llevaremos como la férrea bola del reo a cualquier paso que demos para no olvidar nuestro prendimiento. El ritmo, el enlace secuencial de la palabra dio por fin con una pauta donde cupo todo con la medida síntesis de un axioma gracianesco. Y si la imagen móvil daba paso a una pausa, en seguida otra voz solapaba con su huella la hendidura del silencio. La excelsitud de Ana Muñoz en la fuga (¡pero qué buena es esta mujer, c...!); el baño de Carmen Ruiz (¿qué envoltura del deseo más afín a la felpa que el rizo de los iris cuando anhelan?); el nombre de los pronombres de Kiki (faltó, aunque todos lo escuchamos, el tangó de los esclavos negros argentinos rasgando las volutas del humo levítico en los labios de la Magriñá). Ingrid Magriñá: sibila en el muro; nitrógena y oxígena sílfide. Ô! —permitidme la exclamación— qu'il est voleur Michel Ange! Porque nos birló las angustias, nos dejó enredados en los bucles de la servidumbre intelectual y nos arrojó a la espiral angosta de nuestras incertidumbres embebido por el frenesí de los "chupa-tasas", los "chorrafinanzas", el "panchazorra", el "patacristo" y "murmufisgar" de la jarryana patafísica. Donc, ce cri de guerre des pataphysiciens doit devenir celui de tous ceux qui luttent contre la marchadisation du monde. Voilà Ogtis Albegó.
Cuando sea más mayor, quiero ser Ortiz Albero y tener a mi lado a Ingrid Magriñá.

6.4.08

Poesía para perdidos. Segunda entrega: 05.04.2008

M. Martínez Forega

Llego de “La Campana” con el ánimo exaltado. Fernando Sarría (que hizo un huequecico para su magnífico poema recordando al padre: la imagen de la pipa como nexo vital me emocionó hondamente) ha hecho un buen trabajo y nos ha puesto a todos los pezones largos; nos ha introducido en el templo donde los cangrejos de mar deambulaban a sus anchas por los pubis de las muchachas y nuestras comisuras parecían cataratas. No me extraña que Luisa Miñana hiciese una pausa con dos puntos bien medidos en su poema para avisar: restez un peu plus. Con todo lo satisfactoriamente instintivo que resulta, “no todo va a ser follar”, aunque Magdalena, cuando se izó a la tarima, siguió navegando por esos procelosos paisajes marinos y, pasando de Calypso, en un escorzo diacrónico arrojó a Odisseos al salón de Salomé y salvó la cabeza del Bautista por arte de Circe con un canto al amor carnal que me puso los pies en la cabeza. Antes, Jesús Jiménez se largó un poema de contenido y forma esplendorosos sobre el que la existencia (en toda la extensión de la palabra) nada puede contestar, así de concluyente resultaron para mí sus dudas sobre el mar, sobre el cielo y su certeza sobre el catafalco. Y Carmen Ruiz se merendó, porque puede, a Nueva York entera, ya harta –imagino- de tanto hastiado icono. Algún día debería leer ese poema en The Club.
¿Por qué no llenar un día el escenario a carcajada limpia?; sólo eso: carcajadas. Me lo propuso Ángel Gracia, con quien, naturalmente, me reí muy a gusto a lo Georges Bataille (Georges Bataille, “demasiado para el cuerpo”).
Luis Felipe, durante el off, silbó a lo grande y no vulneró el aire con sus versos de poetas aragoneses. Propuso que adivináramos su pertenencia y aprovechó para homenajear a José Luis Alegre, que lo merece sobradamente. He de decir que, con alguna dudilla, se adivinaron todos: Guinda, Gastón y Alegre.
Y, de colofón (que no de colofín), conversé con Miguel Ángel Ortiz para coincidir en varias cosas: que estos ciclos deberían institucionalizarse socialmente, que se hicieran cada año durante años, vamos. Advertimos el buen rollo de la poesía aragonesa y de cómo la amistad reina sobre cualquier otra actitud en torno a cuantos forman parte de este movidón (creo que sí, que ya es un movidón) y que ese carácter amistoso resulta ser una de las claves de que todo esté funcionando como (no sé si decir coño) jamás lo había hecho, porque todos nos alegramos espontánea y sinceramente de lo bien que le van las cosas a los demás, no nos damos puñaladas, admiramos con distancia y sin ella a padres y abuelos, vivimos con cortesía y buenas dosis de gentileza en una coetaneidad que reúne a varias generaciones poéticas sin que ello suponga ningún conflicto, al menos reseñable; que hemos dejado mucha de nuestra megalomanía en los cajones (acaso cojones). Varias señales: el programa “Los chicos están bien” de Vilas (luego libro en Olifante); el monográfico de Criaturas saturnianas; la muestra 20 poetas aragoneses expuestos (también en Olifante) y este mismo ciclo de “La Campana de los Perdidos”. Me los citó Miguel Ángel como estimables y acertadas referencias. Que todo siga siendo la mejor prueba de lo dicho. Y gracias a todos cuantos lo hacen posible (en estos casos no se suele citar a nadie por si las involuntarias omisiones).