Ana MuñozEl día 13, sábado, a las 22:00 horas, en calle Prudencio, 7 de Zaragoza.
"Si así lo quiero, reír es pensar". En esta frase de Georges Bataille se encuentra buena parte (la mejor) de lo que me gusta hacer. Me encojo de hombres. Licencia Copyleft Creative Commons
Ana Muñoz
POEsíA
Una joya poética
Ana Muñoz ha escrito y ha escrito bien. El lector leerá en este primer libro azul de la joven aragonesa, aunque nacida en Cuenca, versos que cual trallazos lacerarán su cerebro. No cabe duda alguna: ha nacido un poeta de raza. ENRIQUEVILLAGRASA
Sólo para la noche (Lola Editorial), de Ana Muñoz (Cuenca, 1987), es un poemario coherente y sumamente personal, que engancha desde el primer verso, "Mi madre me persiguió escaleras abajo", hasta el último, "Léeme bien, o no me leas, porque lo demás urge". Sólo los elegidos son capaces de escribir poemas con tanta enjundia. Es una joya poética, en la que se refleja la crudeza de la vida del yo poético, de una forma hermosa. Escribe los versos con tanta vitalidad que dignifican lo retratado en ellos. Una auténtica reflexión vital.









En Litago, pregón y Trapecismo para comenzar. El VII Festival Internacional de Poesía "Moncayo" fue otra vez una fiesta por todo lo alto. Gratificaciones, porque todo fue grato
gracias al empeño de Trinidad Ruiz
Marcellán (
no sé cómo lo hace) y a su numeroso grupo de Colaboradores que tiene muy cerca y a un grupo de amigos de los de verdad que le echan muchas manos (Marcelo sobre todo; pero Nati, Moisés, Gonzalo, Chari, Tere, Sofía, Pili, A Borina Moncaína, El Embrujo de Trasmoz...) Se trata de un Festival participativo, en el que no se excluye a nadie; es un Festival para la comarca, que, en sus anteriores ediciones y en ésta, ha recorrido cuantos lugares le ha sido posible, cuantas toponimias ciñen el Moncayo en esta parte de Aragón: Trasmoz, Litago, Tarazona, Novallas, Vera, Veruela... Tiene, pues, ese afortunado rostro popular que tanto seducía al poeta que este año ha sido, con mérito más que legítimo, recordado y reivindicado (¡como si hiciera falta! Pues, sí; últimamente, parece que sí hace falta): Gustavo Adolfo Bécquer.Bueno, Ana querida:
Mi impresión no ha cambiado respecto a la lectura de tu Carpe noctem del otro día, y sigue pareciéndome que el dramatismo y la queja de las palabras del poema se encuentran más acá incluso de la hipotética intencionalidad del texto. Quiero decir que están dentro, como la epidermis, más acá, por tanto, de lo superficial, de lo aparente. Más que parecer o estar, esas palabras “son”, transitan vivas y han sido capaces de armonizar una ―dicha en su sentido etimológico― sensualidad descarnada con una base ontológica, adherida al ser. Me parece a mí así, Ana. Y estoy completamente convencido de que sólo con ese fundamento ontológico es capaz la poesía de trascender el ámbito de lo privado, de lo personal, de lo estrictamente lírico cuando se ocupa sólo de rellenar el saco de lo anecdótico (por ejemplo, cuando la poesía se inclina hacia un qué sé yo de ficticio, hacia una desmesurada porción de tramoya trágica que la distancia de sus escenarios, como hacen tantos poetas hoy). Por eso tiene sumo valor tu poema en los dos sentidos: osado y valioso. Contenido que me seduce abiertamente, se pueden decir cosas hermosísimas. Por ejemplo, que seas capaz de transformar la capitulación antropológica de la mujer en una reivindicación humana, con todo el peso que este término aún conserva; que hayas hecho de su cuerpo magia alquímica y extraído de la modestia (como así hizo el Paracelso de Borges) oro donde sólo había cenizas; o, mejor ―para ser más fieles al propio Paracelso―, rosas de lo que eran cenizas; que hayas conseguido “formalizar” en imágenes poco comunes la severidad de un ejercicio que nada tiene de lúdico, como dice el estándar analfabeto, y sí mucho de dolor personal izado a esas sinécdoques continuadas que vuelan por encima del simple hedonismo de la noche. Puras alegorías otras veces que desdicen cualquier oratoria de la carne para convertirse en espíritu auténtico, el espíritu del padecimiento, sobre el que llamar la atención no es nada gratuito; antes al contrario, siempre supone un desagarro cuando se está sinceramente dispuesto a ello. En cambio, si tomara como buena otra lectura, todavía sería subrayable esa condición femenina de la generosidad cuando la mujer, hecha bruja o ángel, con sexo o sin él, por tanto, aún dispone de la fuerza suficiente para hacer de la claudicación una práctica humana; más que humana, teñida de la empatía existencial cuyo prototipo fue aquella Candy nórdica haciendo del derecho natural, del instinto, un tesoro que ofrecer al hombre indigente, sólo revelado y entregado al hombre marginal, al desahuciado.
Nota, pues, para ambas perspectivas. Y alta.
Felicidades, Ana.
Hoy va una de Narciso el Joven (aquel que no defraudó en absoluto al original y que se autonombró dios mismo mirándose en el espejo líquido de la Abadía de Ilvecchia).
asombrosa maestría de modisto verbal Miguel Ángel Ortiz Albero en la solapa (éste será mi pin, M. Á.); a la munífica entrega de Xulio Valcárcel por epilogarme como un querido amigo que es (por eso te elegí, Xulio, naturalmente); y a Columna Villarroya, la mejor fotógrafo que conozco: delicada, guapísima y con ojo de neblí, que es un ave artista. A Ángel Gracia —el ibonhondo— por su amistad fidelísima y por hacerme objeto de sus influencias en la FNAC. Y, cómo no, a Ana Muñoz (¿puedo, transitoriamente, decirte mi Anita?, te pregunto ruborizado) que aceptó inyectarle a este Ademenos una dosis de speed en la mesa de presentación.
Acabo de ver el kitschísimo flyer (ci-joint) de Ana Muñoz para los chutes de Santi Rex Rei y Octavio Augusto de esta noche en el Mar de Dios. No podía faltar esa pilarista corona en la Montiel ni el ornamento angelical tan a propósito. Seguro que nos daremos un baño de latines, de paces áureas y de liturgias con las pastorcicas cantando y Góngora (¡el onanista!) mirando por el ojo de la cerradura del baño.