
Concluyó el
IV Encuentro Peralejense de Pintura y Poesía. Y es lo cierto que, salvo César Sánchez Vázquez, Carmen Ruiz Prádanos y Luigi Maráez, ningún pintor acude a estas citas ligeras que mantienen un elevado nivel crítico y una más alta enjundia analítica (visto lo visto, habrá que proponer que se suprima del epígrafe titular el sustantivo "Pintura"). La sesión del sábado fue densa en contenidos y entrelazados temáticos que fueron revelando diferentes posiciones (enfrentadas unas cuantas) sobre el uso y afección de las nuevas tecnologías en el proceso creativo, en su expresión, en su comunicación, en su difusión y en la definición misma de ese proceso creador y del concepto de autoría y los derechos que la preservan, por ejemplo.
Es difícil, además de improcedente, consignar aquí, en un
post, siquiera un número indeterminado de los matices que perfilaron el debate; uno de ellos, precisamente, la capacidad de absorción y de remisión exponencial que caracterizan a los
blogs y
vlogs en un sistema reticular, su capacidad para crear núcleos de afinidades y redes sociales comunes. Éste bien puede ser otro ejemplo, pero hubo muchos más relativos al uso de determinados lenguajes, al efecto que produce en la educación curricular, los aspectos políticos, económicos y sociales que están presentes en la red y el acceso a los dispositivos de conexión que propician una nueva actitud frente a la información y frente a la aún no bien definida cultura; sus ventajas e inconvenientes, su morfología y sus valores mediadores.
Riqueza conceptual y cortés beligerancia fueron, no obstante y como siempre, las pautas que siguió el debate.
Llovió el viernes y el sábado, abundantemente, pero no silenciaron los ruiseñores su celo de mayo en la madrugada; los venados se guarecían bajos las encinas y chaparros, los cervatillos del año tiritaban junto a sus madres y alguna ardilla temeraria se asomó a los andenes herbosos a ver quién pasaba. El río estuvo en calma, y un agua buena nos alivió de tanta sed consumada.
El domingo vimos en Chequilla los juegos malabares que ha ejecutado la naturaleza con sus areniscas rojas y, en Checa, la piedra encalada, el arrogante arroyo como un cíngulo ciñendo el pueblo salpicado de puentecicos como presillas granas en su cintura, y los ánsares bajo la cascada... Agua, agua por todas partes y un verde sobrecogedor que nos ha teñido el corazón por unos días.