31.7.08

Los gancheros

El río que nos lleva es libro conocido (llevado luego al cine por Antonio del Real) de José Luis Sampedro. Relata, con un fondo dramático y un triángulo amoroso, la tarea de los antiguos gancheros del río Tajo, cuando todavía (antes de construirse el pantano de Entrepeñas y Buendía) se transportaban los troncos desde el Alto Tajo hasta su destino final en Aranjuez. Era un trabajo muy duro, no exento de épica, que se llevó a cabo durante muchos años. La última "gancherada" del Tajo se hizo en 1952.

He querido recordar hoy aquí el trabajo de aquellos hombres-gancheros de mi tierra y de aquellos otros que se les unían llegados de Andalucía y de Aragón.





LOS GANCHEROS

Serpentea sobre la lengua líquida
lo que pudo ser fósil y será lecho, lar o fuego.
Sobre la lengua líquida
a las auroras alientan
las voces frías de los garfios;
a los tajos de piedra viva
y enaguas de escarcha
(que cada año cosen las crestas sienas
sobre el azabache)
alientan las voces frías de los hombres
y el vaho del sudor
que de penachos blancos ciñe
las copas de los rodenos y albares.
Un silencio advierte del recodo en calma
y del peligro incierto
por donde la sombra de los ganchos
la vida sujetará a la vida
y a la muerte arrojará su onda oscura.
Vibra en los estrechos el grito permanente:
es el arreo de la primavera
dando vida al hielo desprendido
y lo libera bramando como un dios
de súbito molesto y despierto
que azuza a la nieve y las pozas golpea
con su martillo de espuma ancestral y terrible...
Pero he ahí, frente al dios, el hombre fuerte,
en el bosque sumido y de los abismos pendiente,
con sus manos abriendo el agua,
encerrando en los puños los maderos brillantes
de los ganchos como antiguas picas
de sus lides junto al río, con el río, aliado del aire
y de los aromas por el viento esparcidos.
Por desembocar la voz del Tajo combate el hombre,
para arrebatarle sus gemidos, su música, su silencio,
para abrirlo a los cañones o callarlo
cuando arenga a las guadañas de la luna...
Cerca se escuchan los ladridos; el fuego resplandece;
han cerrado las mujeres las puertas de la tarde;
vive ahora la noche con sus canciones breves... ...
El sueño vela la vida del ganchero
para cerrar las llagas de su poema
escrito con la luz del sol y el agua de los nimbos.
Abrid los ojos, hombres del río, para mirarnos en ellos
y dadnos vuestras manos
donde cada día se tatúan los calores y los fríos.