8.12.08

Narconacionalismo: Tardà y Cía.


El último gran reducto de la libertad individual es la disponibilidad de la propia vida. Contiene este trascendental derecho natural todos aquellos rasgos que ni la ciencia especulativa, ni las disciplinas experimentales han podido —ni podrán— jamás definir sino aproximadamente, salvo en el discernimiento técnico de la «defensa propia». La apropiación por parte de cualquier factor externo no contingente constituye un atentado a la inmanencia de aquel derecho. Escuchar arengas a favor de la muerte, vengan de donde vengan; la incitación, las proclamas a quitar la vida del otro, de los otros, es una atribución que nadie puede arrogarse, y mucho menos hacerlo en público. A este respecto, las palabras del diputado de ERC Tardá lo colocan a la altura de aquel tristísimo militar Millán Astray, y todavía no han merecido réplicas institucionales de apropiada contundencia quizá porque ya no hay Unamunos que profundicen en hechos semejantes con la necesaria conciencia «humana», y, con más probabilidad todavía, porque la clase política, desde sus propias instancias, se blinda corporativamente ante cualquier censura que vaya más allá de la sanción verbal. Actitudes como la de ese energoumenon, poseído por un delirio acídico, colgado del narconacionalismo como lo estaría cualquier junkie del caballo, deben ser cercenadas de inmediato por sus graves consecuencias y porque provienen de alguien que ostenta una —cuando menos hipotética— alta representación pública. Me es indiferente quién sea la víctima objeto de su arenga. Yo aceptaría que se matara él, porque es «libre» de hacerlo, pero de ninguna manera es aceptable su inducción a arrebatar la vida de los demás. ¿Para cuándo su enjuiciamiento? ¿A quién le es dado aplicar ahora de oficio el mecanismo de defensa jurídica en nombre no de la sociedad —término gratuito y malgastado—, sino en nombre del ser humano?

(La imagen que ilustra este post es una escultura de Ron Mueck)

8 comentarios:

Javier López Clemente dijo...

Me temo que se acerca la hora de empezar a dejar de ser políticamente correcto con los mentecatos de la tribu.

Salu2 Córneos.

Manuel Martínez Forega dijo...

La endogamia, la cosanguinidad, produce monstruos tan reales como los de los sueños de la razón, Javi; si, además, se les regala un megáfono, el estruendo es horroroso. Éstas son las cnsecuencias de la pandemia política, henchida de egotismo en la creencia de haber suplantado -de hecho- a la vieja aristocracia. Por eso la política, creo yo, no puede ser -ni aspira a serlo- correcta.
Más saludos.

Anónimo dijo...

anda, anda, manolo. Si es que tienes los mejores dardos siempre preparados. Abrazos
o.

Anónimo dijo...

¡Más literatura y menos política!

Manuel Martínez Forega dijo...

El dardo, O., que vuele "hasta llenarse de sol" (A. Yupanqui dijo hermosamente).
Abracicos.

Anónimo dijo...

Qué hartadura de país, hostis!
Saludos de
Valentín.

Miguel Ángel Y. dijo...

¡Qué más se puede decir...!

Dalton Bert dijo...

Se puede decir más alto, pero no más claro.


Perdón: SÍ que se puede decir más claro.

Saludos.