19.3.10

Cristian Peribáñez: "Cuando éramos reptil"

Cristian Peribáñez

Termino de leer los poemas de Cuando éramos reptil y debo confesar que me han sorprendido. Un lenguaje pulcro, con un exquisito cuidado de la prosodia (cuestión nunca bien ponderada, pero que no hay que echar nunca en saco roto) y un estupendo manejo del verselibrisme. Así que comenzamos bien si queremos seguir con fundamento algunos juicios que necesariamente han de sustentarse en la "forma", en una estructura morfológica que advierte de su consciencia. Para empezar, no es habitual que estos rasgos sean destacables conociendo cuánto azar formal e inconsciente puebla los poemas de tantos poetas. Pero si añadimos que ese universo lírico (el yo es abismalmente preponderante sujeto al egotismo verbal) está traducido con ricas imágenes, nada rígidas, con una apuesta manifiesta por el símbolo (a veces, onirismo e irracionalidad -claro, que vienen a ser más o menos lo mismo- comulgan con premeditado o impremeditado -no lo sé con certeza- objetivo) y una extraordinaria largueza semántica; quiero decir generosidad interpretativa, significadora a partir de una combinatoria léxica (que tanto le gusta a Steiner), la cual, aun pareciendo súbita, automática, se decanta, tras la lectura, hacia un posición meditada. Si añadimos que ese universo, decía, constituye un claro ejemplo de inmersión en la tradición, este libro termina por seducirnos definitivamente. Es posible que haya cierto azar en la composición de las imágenes, pero, si es así, el acierto está en no haberlo corregido o en haber conservado lo esencial. Todo ejercicio lineal -y la escritura lo es- ha de contar con este recurso que deduzco ha ejecutado muy bien Períbáñez. Toda esta tramoya sirve a la expresión de un conflicto que testimonia cierto dolor y más de una decepción por etapas; un conflicto repetido que le echa un pulso a la duda relacional y trata de fijar algunas certezas interiores, íntimas, de esa construcción personal que jamás termina en un tejado. Si toda escritura es un exorcismo, ésta lo es. Lo bueno de los poemas de Períbáñez es que el lector (yo, al menos) lo recibe convencido de ser cierto, de no esconder nada o poco, y que la retórica, aunque exista, rinde pleitesía a la sinceridad para echar al diablo fuera, pero para dejarlo entrar en cualquier momento, ya sea cabra o súcubo, o el mismísimo Comendador.
Bravo.



Cuando éramos reptil es el nº 5 de la colección de plaquettes de poesía editadas por la Editorial Comuniter (Manuel Baile) de Zaragoza al cuidado de Octavio Gómez Milián y cuyo trabajo hay que saludar y celebrar.

12.3.10

Poesía para Perdidos: 13 de marzo de 2010

María José Hernández

Sonia Fides


Ana Muñoz


Ana Muñoz y Sonia Fides estarán en La Campana de los Perdidos dando su voz a la cuarta entrega de 2010 del ciclo Poesía para Perdidos que organiza la Asociación Aragonesa de Escritores. La música, a cargo de la excelente María José Hernández.
El día 13, sábado, a las 22:00 horas, en calle Prudencio, 7 de Zaragoza.

28.2.10

Poesía para Perdidos. 27 de febrero 2010: Xulio L. Valcárcel

Xulio L. Valcárcel

Xulio L. Valcárcel

Llegó Xulio; llegó Xulio L. Valcárcel; llegó el poeta, que es como decir que llegó el hombre. No existe distancia entre ambos: los dos son uno, es como son, con su memoria, con su honda percepción de una realidad pasada que es traída al presente para ser vivida con la misma intensidad que entonces. Xulio Valcárcel ve porque sabe mirar; ve lo que acontece y lo que le acontece y, en esos instantes breves en que los demás hacemos del tiempo un tránsito indiferente por las cosas, por los seres, él impregna su retina de imágenes y de personas y vuelca sobre ellas no sólo una empatía desaparecida del sentir general de una sociedad desapercibida, sino que la tamiza con la criba de su lirismo excelso, de su entraña tensa y dispuesta, en guardia siempre para acoger aquello que se desliza por los límites de la luz. En esa frontera difusa, Xulio es más poeta porque es más hombre, como ha sido más niño y como ha sido más hijo y es más amador. Si dice del amor, lo dicta en carne y hueso, y lo escribe con la pausa que el amor necesita cuando irradia en toda su intensidad. Xulio Valcárcel ilumina tantas cosas... En ese poema magnífico de la fuga final hacia la muerte levantó Xulio anoche un catafalco en medio del mar, sobre el horizonte, como testimonio de su hondura. Yace en él, en lo más hondo, una poesía singular, diferente, rica, que no renuncia jamás a redactar con la sintaxis de los sentidos, con la gramática del corazón.

Diana Varela


Diana Varela

Diana Varela

Diana Varela acompañó a Xulio Valcárcel en la traducción con esa dicción justa y armónica que los pabellones saben siempre gratificar; pero nos guardaba la sorpresa de sus versos. "O coi", poema de su libro Fíos, llegó del mar, de la orilla del mar, de las faenas de la orilla del mar. Un poema costumbrista con sabor a sal fina, yodada, empujado por una brisa atlántica que nos golpeó en pleno rostro para mejor respirar y observar a los belinques escapando bajo el vuelo de las gaviotas mientras escuchábamos el canto de las sirenas terrestres.
Y aún hubo más: la guitarra limpia de Jorge Berges secundado por José Manuel Garrido al "Cuatro venezolano" fusionando flamenco y acordes joropos, bolerillos y otras melodías clásicas que, en cierto modo, pusieron en solfa las gargantas pancheras de los oyentes.
Jorge Berges

José Manuel Garrido

23.2.10

Poesía para Perdidos: 27 de febrero 2010


Tercera entrega de 2010 del ciclo "Poesía para Perdidos" que organiza la Asociación Aragonesa de Escritores con el patrocinio del Gobierno de Aragón.
Con nosotros estará Xulio L. Valcárcel, Premio Nacional de Poesía para menores de 25 años, Premio Nacional de la Crítica en 1994 y en 2004.
Poeta del amor y del ensueño, Xulio L. Valcárcel escribe con la pausa de quien recuerda y de quien desciende con cuidado por el muro que envuelve la frágil enredadera de la memoria para enaltecerla.
La música correrá a cargo del guitarrista Jorge Berges.

14.2.10

Relectura de "He roto el mar"


El día 19 de febrero, a las 19:45 horas, haré lo que hice ya hace quince años en Teruel y que no pensé repetir: explicar lo inexplicable, tratar de revelar cómo escribí He roto el mar, un libro que recoge poemas de la década 1980-1990, aparecido en 1993 en su segunda edición, y que corregía y ampliaba la edición madrileña (C.S.I.C.) de 1987.
Como no me gusta -sustancialmente digo- hablar de mi propia poesía (no me gustan las "poéticas"), lo de Teruel fue un reto que me impuse a mí mismo con la intención de embolicar todavía más las fuentes y los instrumentos que intervinieron en la primera y segunda escrituras.
El día 19, a petición reiterada de unos amigos, repetiré ese embaimiento que, pasados ya unos añitos, veo con la suficiente distancia y neutralidad para no sofocarme.
Estáis todos invitados.

24.1.10

Poesía para Perdidos: 23 de enero 2010

J. L. Saldaña



E. Cebrián

Noche estelar en La Campana de los Perdidos. La primera sesión de este año del ciclo Poesía para Perdidos que organiza la Asociación Aragonesa de Escritores continúa reuniendo a buena parte de la mejor poesía aragonesa, esta vez en torno a Juan Luis Saldaña y Enrique Cebrián. La noche dio para todo, se dilató como el hierro golpeado por el herrero, poco a poco, pero templadamente, fraguando su densidad con estilismo. Juan Luis Saldaña brilló como speaker y encerró en la ironía algunos dramas para la reflexión posterior, como Valle-Inclán. Usó el guiñol, pero no escondió la cachiporra. Brillante, plural, sarcástico, paródico y, sin embargo, un qué sé yo lindando en la gravedad llenó de tañidos nuestra atención (todavía en mis pabellones suenan sus espigas); tiñó de blanco y negro alguna memoria no extraviada aún, y nos educó.
Enrique Cebrián abrió de par en par los libros, dejó caer, como las gasas de Isis, sus poemas tejidos con cirros, con una veladura honda y sentimental, tangente al yo y secante al tú, a los otros, y dijo de otros y de sí mismo con elegancia muy poco común. Posee esa trascendencia lumínica, reveladora de lo que ha de decirse sin que los demás sepamos cómo.
Digo noche estelar porque, junto a los magníficos textos de ambos, desfiló un elenco de músicos definiendo un rasgo que caracteriza definitivamente a esta generación crítica, entusiasta, culta (ya era hora), divertida: la amistad por encima de las mareas, tácita y también expresa, como en esta noche singular: Ana Muñoz, Octavio Gómez Milián, Luis Cebrián, Pablo Malatesta, Ritchie Fandango, El Inspirado... volvieron sus ojos a ese espejo siempre limpio en los iris del amigo; volcaron las letras en el aire deleble, se conjuraron en un hechizo único y se trajeron consigo a Sergio Algora, Más Birras, Nubosidad Variable. Un todo con los demás en una caverna púrpura abarrotada y expectante, dispuesta, si fuese preciso, a su incineración.
Todo sucedió en Zaragoza, donde algunos francotiradores y francotiradoras voceras siguen mordiéndose sus pestilentes uñas y enloqueciendo porque no dan ni una.

Luis Cebrián, Pablo Malatesta y Ana Muñoz


Ritchie Fandango y Luis Cebrián

18.1.10

La mosca becqueriana


Presentación de


La mosca becqueriana


de Agustín Porras



Editado en la Colección Papeles de Trasmoz de la Editorial Olifante



Intervienen, además del autor, el poeta y crítico Manuel M. Forega.

17.1.10

Poesía para Perdidos: 23 de enero 2010

El próximo encuentro en "La Campana de los Perdidos" (C/ Prudencio, 7) de Zaragoza, dentro del ciclo Poesía para Perdidos organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores, contará con la presencia de dos poetas secretos zaragozanos que pronto dejarán de serlo: Enrique Cebrián y Juan Luis Saldaña. Jóvenes, dinámicos, dinamizadores y enterados (que esta cosa se echa mucho de menos en algunos poetas principseculares). Es una muestra más de que el barril de la zaragozana marcha poética sigue efervesciendo y de que la AAE sigue teniendo buen ojo para aquilatar su ciclo.
Ambos estarán acompañados de buenos amigos músicos y no músicos, poetas y no poetas. Una fiesta que promete y cumplirá su promesa.
23 de enero de 2010
La Campana de los Perdidos
C/ Prudencio 7. ZARAGOZA
22:00 horas

18.11.09

Homenaje a Rolando Mix Toro


La próxima sesión de Poesía para Perdidos (21 de noviembre, a las 22:00 horas, en La Campana de los Perdidos. C/ Prudencio, 7 de Zaragoza) la dedicaremos íntegramente a homenajear a nuestro amigo y poeta Rolando Mix Toro, fallecido apenas hace dos meses. Será una buena ocasión para poner la voz de todos aquellos que han apreciado su obra y su vida, culminadas con una honestidad insobornable y un compromiso tan poco común que mereció la admiración de todos cuantos lo conocimos y supimos de sus excepcionales valores.
Su personalidad constituye argumento suficiente para que nos unamos a esa noche en que podremos rendirle pleitesía con la lectura de uno de sus poemas (el que cada uno elija) o con cualquier otro texto que estimemos más conveniente.
Con el fin de poder organizar del mejor modo posible el turno de lecturas, ponte en contacto con Fernando Sarría (fsarria@ono.com) confirmándole tu participación.

16.11.09

Encuentro y lectura de poemas de Ángel Guinda y Manuel M. Forega


Jueves 19 de noviembre, a las 19:30 horas, en la Sala de Juntas de la Facultad de Filosofía y Letras (Campus San Francisco).
Encuentro con Ángel Guinda y Manuel M. Forega dentro del ciclo "Este jueves, poesía", coordinado por Ignacio Ecuín y organizado por la Universidad de Zaragoza.
Y después, a las 22:00 horas, en el Candy Warhol, con Fernando Frisa como Cicerone, lectura de poemas de Guinda y de Forega.


"Poemas para los demás" de Ángel Guinda



El próximo 26 de noviembre lo presentará en Madrid, a las 20:15 en el Café del Libro La Buena Vida (C/Vergara 10, metro Ópera) con las intervenciones de Manuel Martínez Forega (poeta y ensayista), Itziar Miranda (actriz), Adriana Davidova (actriz y escritora), Liberto Rabal (director de cine y actor) y José Luis de la Vega (poeta), y con la actuación musical de Experimentos In Da Notte.

http://www.youtube.com/watch?v=HPEYFRjmVCA

http://www.youtube.com/watch?v=VTv9h_ikWKw

8.11.09

Poesía para Perdidos: 7 de noviembre 2009

Jesús Soria Caro, Ignacio Escuín Borao y Cuidado con el Perro


La Asociación Aragonesa de Escritores ha dado cuenta de la tercera sesión del ciclo Poesía para Perdidos de este curso.


Jesús Soria transitó por la mimesis; su psique, adherida a la exégesis del argumento, se mimetizó con las ficciones fílmicas. Escogió películas referenciales que ahondan en diversos asuntos para él significativos, capaces de desencadenar su propio conflicto o de identificarse con su trasunto emocional. Desde El ángel azul y El séptimo sello hasta La rosa púrpura de El Cairo; The Doors, Casablanca, El hombre de Alcatraz, Desayuno con diamantes..., Jesús Soria fue intercambiando lides, ataviándose (o arropándose) con el corazón y los sentidos de quienes se desplazaban por la pantalla tratando, a su vez, de encontrar al espectador ideal, y fue éste Jesús Soria. Recorrió, pues, buena parte de su libro The End, título más que revelador del blanco y negro y del color de aquellas ficciones tomadas de una hipotética realidad que, por fin, resultan más reales acaso. Sin ninguna duda, resultaron más literarias y de ello se encargó el poeta Soria para dejar constancia de esa certeza tantas veces diluida en unas pupilas sin memoria.




Ignacio Escuín estuvo brillante. Su lectura rayó en el grato rapsodismo, lo cual le viene muy bien a la poesía; pero, además, eligió sus textos más próximos a un lirismo cercano, dejó a un lado la distancia, embocó de cerca, desde el punto de penalty, y empezó a meter goles por un tubo, más que «El buitre». Esos balonazos iban directos al corazón, pero sin engaños. El portero, simplemente, quedaba paralizado, haciendo una estatua imperativa porque no era el embaimiento del gesto, sino la simple mirada lo que le sobrecogía. Hubo un encendimiento en la grada, la apoteosis lanzada a la red, un fuego espontáneo, una combustión del ánimo, una rendición a la palabra buida, exacta, con toque, sin perífrasis inútiles (sin enfáticos regates que terminan en un insulso y decepcionante fuera de banda, quiero decir). Y allí, sobre un césped lucreciano, se tumbó el amor para afilar la lengua con metáforas que hacían de la guerra de las multitudes un combate singular. Pero también Escuín se quitó la camiseta para mostrar el pecho, el tatuaje del pecho, y rendir pleitesía a la memoria, al hálito censor tan necesario y señalar que era él, él, quien lo decía: Ignacio Ecuín, más elegante incluso que Carlos Lapetra.




Cuidado con el Perro: Omnia vincit verbum. Si, además, ponemos música a este latinajo certero, nos topamos de frente con Cave Canem, donde la sílaba nasal lanza de inmediato un eco de campana gruesa, de badajo lento y armonioso, rítmico, pendular que vierte en los pabellones un aire cálido y pautadamente modelado. Tiene este dúo un qué sé yo de moderno clasicismo, un arrojo culto fundado en sus escorzos verbales y en su sabiduría musical: piano, voz, piano, voz...; voz, piano, voz, piano... agudos y llanos (es decir, inteligentes y modestos, como las secuencias tetrasílabas y trisílabas de ese ritmo versicular). David Guillén y Rafa Sanemeterio disponen así de una afición cuya lealtad está fuera ya de toda duda, una afición esdrújula, tónica y, por lo tanto, acentuada en su gusto, agudizada en su oído y son-ética. Tienen un no sé qué de atracción, un busilis —diría Galdós— que arrebata y que solicita más dedos y gargantas, plus des doigts et des gorges —diría Marcel Duchamp—, pero no más de dos: la voix et le piano, como atestiguó Claude Debussy para sus Chansons. Esta noche, con actitud, Les Champs Élysées sonaron a francés lombardo quizá por aquello de que fue María de Medicis quien decidió poner árboles a un camino en medio de un campo, pero sonó a francés. El Perro ha paseado elegante y sincero por entre los troncos, marcando incuestionablemente su territorio, incluido el arco del triunfo.